La reconocida creadora falleció a los 97 años en Tokio. Su obra, marcada por los puntos, las calabazas y las instalaciones con espejos, la convirtió en una de las figuras más reconocibles del arte contemporáneo.

Publicado por: Redacción Vanguardia Digital
Kusama construyó una carrera de más de siete décadas y desarrolló un lenguaje visual difícil de confundir. Los lunares, las redes, las calabazas y las formas repetitivas aparecieron de manera constante en pinturas, esculturas, instalaciones y performances.
Con el paso de los años, esos elementos dejaron de ser solamente parte de su obra y se convirtieron también en símbolos de su imagen pública.
De Japón a la escena artística de Nueva York
Nacida el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, Japón, comenzó a pintar desde niña. Estudió arte tradicional japonés antes de trasladarse a Estados Unidos a finales de la década de 1950, donde se integró a la escena vanguardista de Nueva York.
Allí desarrolló grandes pinturas de patrones repetitivos y participó en performances y propuestas experimentales que la acercaron a movimientos como el pop, el minimalismo y el arte conceptual.

Su producción estuvo relacionada desde muy temprano con las visiones y patrones repetitivos que decía experimentar desde la infancia. Kusama convirtió esas percepciones en una parte central de su trabajo, especialmente a través de puntos que parecían extenderse sin límite sobre objetos, paredes y espacios completos.
















