Con la inauguración del Centro de Emprendimientos de la Fundación Colombo Alemana Volver a Sonreír, en el barrio Provenza de Bucaramanga, decenas de mujeres que alguna vez estuvieron privadas de la libertad encuentran hoy un espacio para reconstruir sus vidas, impulsar sus proyectos y demostrar que los errores no definen el futuro.

En una calle tranquila del barrio Provenza, una puerta se abre para quienes buscan volver a empezar. En la Calle 104 No. 22-96 funciona desde hoy el Centro de Emprendimientos de la Fundación Colombo Alemana Volver a Sonreír, un espacio concebido para acompañar a mujeres que han pasado por el sistema carcelario y que hoy emprenden el camino de la reintegración social a través del trabajo, el aprendizaje y la esperanza.
El evento de inauguración, cargado de emoción y simbolismo, representa un nuevo capítulo en la historia de una fundación que lleva más de 16 años trabajando con población femenina privada de la libertad y madres gestantes en el Centro de Reclusión de Mujeres de Bucaramanga. Este compromiso, que comenzó con talleres de formación dentro de la cárcel, se transforma ahora en un centro productivo y de aprendizaje, donde cada iniciativa tiene como propósito principal brindar una segunda oportunidad real.
“Hoy abrimos nuestro centro de emprendimiento y esto ha sido un proceso largo, pero muy hermoso”, explica Magaly Gutiérrez Lozano, directora administrativa de la fundación. “Empezamos dentro del penal, con el acompañamiento del ICBF y el INPEC, y comprendimos que la verdadera transformación llegaba cuando estas mujeres salían y debían enfrentarse a la sociedad. Por eso decidimos crear un espacio para ellas, donde pudieran seguir creciendo, aprendiendo y generando ingresos dignos”.
Emprender para renacer
El lema de este proyecto —“Emprender para renacer”— resume el propósito del centro. En sus espacios funcionan tres unidades productivas: un restaurante, una boutique de ropa nueva y de segunda mano y la tienda de artesanías Huellas De Libertad, donde se elaboran bolsos, alcancías, pulseras y otros productos hechos por las mujeres vinculadas al programa. Además, en el segundo piso se dictan talleres de formación en alianza con el SENA, la UDI y la UNAB, entre otras instituciones, fortaleciendo las habilidades técnicas y humanas de las participantes.
Allí, entre telas, hilos, pinturas y el aroma del café recién molido, las historias se entrelazan. Cada objeto que sale del taller lleva algo más que trabajo manual: lleva el testimonio de resiliencia de mujeres que decidieron no rendirse.
Una de ellas es María Viviana Díaz Garcés, beneficiaria de la fundación, quien con su voz serena pero firme, refleja la fuerza de quien ha enfrentado la adversidad y ha sabido reconstruirse. “Esto me cambió la vida. Llegué con la autoestima por el piso, sin confianza en mí, y aquí me enseñaron a creer de nuevo en lo que soy capaz de hacer”, cuenta con una sonrisa.
Viviana recuerda cómo, gracias a la fundación, aprendió oficios, recibió acompañamiento psicosocial y, sobre todo, recuperó su dignidad. “Más que el trabajo, lo que me ayudó fue volver a sentir que valgo, que puedo, que tengo potencial. Hoy tengo un empleo formal, una cuenta de banco, mis prestaciones, y lo mejor es que todo lo que hago lo gano con mi esfuerzo, sin hacerle daño a nadie. Me siento libre, de verdad libre” expresó.
Sus palabras resumen el impacto profundo del programa: no se trata solo de ofrecer capacitación, sino de restaurar la confianza y abrir caminos hacia una vida digna.
Aliados que creen en la reintegración
Este sueño no sería posible sin la articulación de aliados del sector público y privado que han decidido sumar esfuerzos. Uno de los más comprometidos ha sido Don Jacobo Postres y Ponqués, empresa santandereana que ha brindado formación en repostería y oportunidades laborales a las mujeres del programa.
“La responsabilidad social debe ir más allá de generar empleo”, asegura Jacobo Álvarez, presidente y fundador de la compañía. “A través de nuestra participación con la Fundación Colombo Alemana, quisimos compartir nuestro conocimiento en pastelería y apoyar a mujeres que hoy buscan reescribir su historia. Hemos tenido incluso casos exitosos de vinculación laboral, y eso nos llena de orgullo. Lo bonito es tener la disposición y la apertura para apoyar proyectos como este”.
La participación de empresas como Don Jacobo no solo aporta conocimientos técnicos, sino que también rompe estigmas. Al integrar a las mujeres en entornos productivos formales, se demuestra que las segundas oportunidades pueden convertirse en motores de cambio social.
Una red de apoyo que crece
El Centro de Emprendimientos no surge de la nada: es el resultado de una red de apoyo consolidada a lo largo de más de dos décadas de trabajo social. Gracias a alianzas con instituciones como la Cámara de Comercio de Bucaramanga, los centros comerciales Caracolí y De La Cuesta, la Gobernación de Santander y Vanguardia, las mujeres de la fundación han tenido presencia en ferias y vitrinas donde pueden mostrar y comercializar sus productos.
“Esto no lo hace una sola persona ni una sola institución”, dice Magaly Gutiérrez. “Es un trabajo de muchos aliados, de voluntarios, de empresarios con sentido humano. Y algo que siempre repito: no se necesita dinero para ayudar; se necesita calidad humana. A veces, solo escuchar a una persona puede cambiarle la vida”.
La directora extiende una invitación abierta a quienes quieran vincularse: “Necesitamos apoyo en todas las áreas. Desde jóvenes que sepan de redes sociales hasta personas que quieran donar su tiempo o sus conocimientos. Todos podemos aportar algo”.
La Fundación Colombo Alemana Volver a Sonreír demuestra que emprender no solo es crear negocios, sino reconstruir vidas. Y que cuando la sociedad abre las puertas, el cambio deja de ser un sueño para convertirse en una realidad compartida.
















