Los forenses confirmaron que fue golpeada, asfixiada y, finalmente, enterrada viva.

Publicado por: Redacción Judicial
El 3 de septiembre de 2012 marcó el comienzo de una pesadilla para la familia Triviño. Ese día, Daniela Melissa, una joven de 21 años, desapareció sin dejar rastro tras salir de su trabajo en Santa Rosa de Cabal, Risaralda.
Diez días después, su cuerpo fue encontrado enterrado en una zona rural. Los forenses confirmaron que fue golpeada, asfixiada y, finalmente, enterrada viva.
“Mi hija fue enterrada viva. Así lo concluyeron los forenses. No solo la asesinaron a ella, destruyeron una familia completa“, expresó el padre de Daniela.
Detrás del crimen estaba su expareja sentimental, un joven conocido por su rol como líder de alabanza en una iglesia cristiana. Acompañado por su nueva pareja, una menor de 17 años, llevó a Daniela hasta el sitio donde ocurrió el feminicidio. Le puede interesar: A prisión acusado del homicidio de Sharit Lorena por el hurto de una gorra en Piedecuesta
Ambos habían convivido durante años con la familia Triviño, y esa cercanía hizo ganar la confianza de la familia que jamás pensó que sucedería el macabro crimen.
Una confianza traicionada
El joven agresor fue acogido como un miembro más del hogar. “Lo considerábamos un hijo”, relató Ricardo Triviño, padre de la víctima, en el pódcast Conducta Delictiva, citado por Blu Radio.
La relación terminó tras una discusión familiar, pero poco después Daniela quedó embarazada, lo que, según la investigación judicial, fue el detonante del crimen.
Durante los días de búsqueda, el agresor fingió interés y dolor. “Lloraba, preguntaba, quería saber qué sabíamos. Pero su comportamiento era extraño, parecía estar actuando”, relató el padre en el pódcast de Conducta Delictiva. Lea aquí: Capturado hombre en Bucaramanga con laboratorio móvil de droga en un morral
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El caso dio un giro cuando la Policía recuperó el celular de Daniela. Esa evidencia fue clave para que la menor de edad confesara inicialmente el crimen y revelara el sitio donde fue sepultada. No obstante, más tarde se retractó, y el agresor nunca aceptó completamente su responsabilidad, a pesar de haber sido condenado.
“El juicio fue oral, quedó grabado, pero el juez reconoció que nunca se conoció la verdad. Nadie habló, ni la menor, ni él”, afirmó el padre, quien aún espera que se haga justicia plena. La abuela de Daniela falleció poco tiempo después, incapaz de superar el dolor.













