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Miércoles 19 de agosto de 2026 - 05:42 PM

Falsos positivos en Santander: 19 años después, familias recibieron los restos de Diomedes y Luis Alexander

Las familias de dos jóvenes finalmente recibieron sus restos y pudieron despedirlos 19 años después de su desaparición. Conozca la historia.

Diomedes de Jesús Daza Williams y Luis Alexander Cáceres Angarita fueron asesinados en 2007 y presentados falsamente como bajas en combate.
Diomedes de Jesús Daza Williams y Luis Alexander Cáceres Angarita fueron asesinados en 2007 y presentados falsamente como bajas en combate.

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Publicado por: Redacción Judicial

Durante 19 años, sus familias vivieron con una pregunta que parecía no tener respuesta: ¿dónde estaban Diomedes de Jesús Daza Williams y Luis Alexander Cáceres Angarita?

El 5 de septiembre de 2007, los dos hombres, vendedores ambulantes que residían en Bucaramanga, salieron de sus hogares para acudir a una oferta laboral con la que fueron engañados.

Luis Alexander era oriundo de Cúcuta, Norte de Santander, mientras que Diomedes era de Barranquilla. Sin embargo, ambos habían construido sus vidas en Bucaramanga y los dos terminaron en la vereda Caragua Baja, en jurisdicción del municipio de Tona, Santander, donde fueron asesinados y posteriormente presentados falsamente como bajas en combate.

Pero antes de convertirse en víctima de uno de los episodios que hoy hacen parte de las investigaciones por los denominados ‘falsos positivos’, Diomedes era, para su familia, un incansable trabajador que buscaba la manera de salir adelante y permanecer cerca de sus hijos mellizos.

Así lo recuerda Angélica María Otero Carreño, su cuñada y, a su vez, una de las personas que durante estos años participó en su búsqueda.

“Era de Barranquilla, se conoció allá con mi hermana y se vino a vivir a Bucaramanga para estar cerca de ella y los hijos,”, contó a Vanguardia.

En Bucaramanga, Diomedes se dedicaba a vender frutas en las calles. Vivía en hoteles ubicados en inmediaciones del parque Santander y fue precisamente en ese oficio donde conoció a Luis Alexander Cáceres Angarita.

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“Se conocieron en Bucaramanga, empezaron a vender frutas del mismo carrito, eran amigos. Jesús era un niño muy trabajador, en lo que le saliera. No le tenía miedo a trabajar. Tenía 23 años apenas”, recordó la buscadora.

Para su familia, Diomedes de Jesús era, además, un padre muy cercano a sus hijos. Aunque las dificultades económicas eran una constante, siempre procuraba mantenerse en contacto con ellos.

“Él nos llamaba toda la semana, hablábamos mucho. Estaba pendiente de los niños. Por esos días los niños estaban en un pueblo”, contó su cuñada.

Hasta que las llamadas dejaron de llegar.

“Llamaba siempre y, de repente, esas llamadas se acabaron”.

Antes de desaparecer, Jesús le había contado a su familia que las cosas no estaban bien económicamente.

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El trabajo, según les decía, estaba cada vez más difícil y el dinero no alcanzaba.

“Antes de desaparecer me decía que el trabajo estaba pesado, que no le alcanzaba y que le habían ofrecido un trabajo. Pensaba si irse o no, porque no era de la ciudad y para estar más lejos de los hijos”, recordó Angélica.

Los restos de Diomedes de Jesús Daza Williams y Luis Alexander Cáceres Angarita fueron entregados a sus familias casi dos décadas después.
Los restos de Diomedes de Jesús Daza Williams y Luis Alexander Cáceres Angarita fueron entregados a sus familias casi dos décadas después.

Era el 5 de septiembre de 2007. Después de ese día, el teléfono dejó de sonar.

“Ya en el momento en que deja de llamar, pregunté. Desapareció. Sabíamos que algo extraño había pasado”, relató.

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Los hijos de Jesús eran todavía pequeños. Tenían apenas tres años cuando su padre desapareció. Crecieron con una ausencia que durante años no pudieron explicar completamente.

Y mientras los niños crecían, la familia seguía buscando respuestas.

Casos de falsos positivos en la JEP.
Casos de falsos positivos en la JEP.

Una incansable búsqueda de Diomedes de Jesús Daza Williams y Luis Alexander Cáceres Angarita

En 2016, una conversación abrió una nueva posibilidad para encontrar respuestas.

Angélica contó que su padre tenía contacto con un político de la Gobernación de Santander y le comentó que Daza Williams nunca había aparecido.

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La familia recibió entonces ayuda e información clave y, con el acompañamiento de un abogado, acudió a la Fiscalía, donde inició una larga cadena de solicitudes y actuaciones judiciales.

“Iniciamos con la Fiscalía, pero teníamos nuestro abogado particular. Empezaron todos los requerimientos, pero hubo rechazo de todas las entidades que debían investigar el caso”, relató.

La búsqueda llegó incluso a instancias internacionales. Vea además: Abren investigación contra militar en Santander por presuntos ‘falsos positivos’

“Ya cuando se ofició a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ahí sí empiezan a hacer diligencias. Hicieron todo el proceso”, señaló.

Con el paso de los años comenzaron a aparecer pistas sobre lo que realmente había ocurrido.

La familia conoció que, por aquel entonces, en Tona, Santander, habían muerto dos personas en un supuesto procedimiento del Ejército.

“Averiguamos que en Tona, supuestamente, el Ejército había reportado dos muertos, pero no había reportes oficiales de enfrentamientos por esa época”, explicó Angélica.

La incertidumbre comenzó a transformarse en una sospecha dolorosa: Diomedes no había desaparecido voluntariamente.

Y tampoco había muerto en las circunstancias que inicialmente fueron reportadas.

Para su familia, además del dolor por la muerte, existía otra preocupación: recuperar su nombre.

La investigación permitió establecer que el joven de 23 años fue asesinado junto con Luis Alexander.

Bogotá. Noviembre 28 de 2024. En el marco del octavo aniversario del Acuerdo de Paz, la JEP presentó la lista de 6.402 víctimas de ejecuciones extrajudiciales, conocidas como “falsos positivos”, ocurridas entre 2002 y 2008 en Colombia.
Bogotá. Noviembre 28 de 2024. En el marco del octavo aniversario del Acuerdo de Paz, la JEP presentó la lista de 6.402 víctimas de ejecuciones extrajudiciales, conocidas como “falsos positivos”, ocurridas entre 2002 y 2008 en Colombia.

Mientras sus familias los buscaban, sus restos permanecían sin ser entregados a quienes tenían derecho a despedirlos.

“A él lo matan con otro muchacho, con Alexander. La mamá de él sí se enteró de que él murió, fue al batallón y lo buscó, pero la intimidaron”, contó Angélica.

Durante años, el cuerpo permaneció en un cementerio municipal, ubicado a un costado de una sede de Medicina Legal y cerca del parque La Vida, en el barrio Campo Hermoso de Bucaramanga, según el relato de la familia.

Para la familia, saber finalmente dónde estaba no significaba que el dolor desapareciera. Pero sí permitía poner fin a una espera que parecía interminable.

“Esa herida no se cierra tan fácilmente. Uno descansa porque lo que más desea es saber que esa persona ya está en un lugar descansando. Lo más digno es que cada familia, por el motivo que haya perdido a su familiar, tenga derecho a recuperarlo”, expresó.

Ese momento finalmente llegó el pasado 24 de julio, cuando la familia recibió los restos de Diomedes de Jesús.

Ya van imputados por falsos positivos en Colombia. // COLPRENSA
Ya van imputados por falsos positivos en Colombia. // COLPRENSA

El relato de lo sucedido

Los aportes de verdad presentados ante la JEP permitieron reconstruir cómo Diomedes y Luis Alexander fueron engañados.

De acuerdo con lo establecido en las investigaciones, ambos fueron contactados mediante falsas ofertas laborales y posteriormente trasladados hasta Tona. Los comparecientes también reconocieron aspectos de lo ocurrido.

Para Angélica, uno de los elementos más importantes fue conocer que su familiar no había sido una persona escogida al azar.

“Algunos de los comparecientes quisieran mostrar a mi familiar como un habitante de calle. Le ofrecieron trabajo y estuvieron detrás de él para llevárselo, pero eso no era verdad. Uno, antes de llevárselo, ya lo ha estudiado. Es decir, es muy difícil que uno encuentre una víctima al azar, y eso lo decía otro de los mismos compañeros”, afirmó.

En medio de la búsqueda de la verdad, la familia también tuvo que escuchar relatos sobre la manera en que fueron asesinados. Sin embargo, para ellos todavía existen contradicciones que les generan preguntas.

“‘Yo le di un solo tiro y cayó’, dice el militar que lo mató, pero el cuerpo presentaba lesiones, fracturas, como si hubiera sido torturado antes”, aseguró Angélica.

Para la familia, conocer esos detalles ha sido doloroso, pero también necesario.

Los comparecientes vinculados al caso se acogieron a la JEP y, dentro de la ruta no sancionatoria, recibieron beneficios jurídicos después de cumplir determinados compromisos de verdad, reparación y no repetición.

“Ellos se acogen a la JEP y uno recibe verdad, reparación y justicia. La justicia divina es la justicia, porque ellos no van a pagar con ningún tipo de cárcel, pero cuando uno se sienta con un compareciente y está siendo honesto, uno siente tranquilidad”, manifestó Angélica.

Según la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el número de víctimas de ejecuciones extrajudiciales, conocidas como “falsos positivos”, aumentó de 6.402 a 7.837 casos en el país.

La familia también considera que debe haber consecuencias frente a quienes participaron en estos hechos.

“Entendemos que no hay un castigo en cuanto no hay cárcel, pero tampoco puede haber tanta impunidad. Que les quiten las medallas, que devuelvan los beneficios económicos que obtuvieron a costa de eso y, si un militar hizo eso, no puede seguir siendo militar; deben ser desvinculados”, reclamó.

Angélica reconoce que también ha encontrado comparecientes que, según su percepción, han mostrado arrepentimiento.

“Hubo personas honestas que realmente pidieron perdón por lo que hicieron y que lo hacían de corazón, pero también se siente que hay otros que lo único que quieren es impunidad hacia la familia”.

Diomedes de Jesús Daza Williams y Luis Alexander Cáceres Angarita finalmente pudieron ser llevados a una tumba, donde sus familias pudieron despedirlos.
Diomedes de Jesús Daza Williams y Luis Alexander Cáceres Angarita finalmente pudieron ser llevados a una tumba, donde sus familias pudieron despedirlos.

19 años después, pudieron despedirlo

La entrega digna de Diomedes de Jesús y Luis Alexander fue posible gracias a la articulación entre la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD), la JEP, la Fiscalía, la Unidad para las Víctimas y Medicina Legal.

Manuel Criales Aponte, coordinador de la UBPD en Santander, explicó que el proceso permitió finalmente responder a dos familias que llevaban años esperando.

“Gracias a esta entrega digna esperamos darle respuesta a los familiares que durante más de 15 años estuvieron buscando a sus seres queridos”.

La intervención de la UBPD en Santander.
La intervención de la UBPD en Santander.

Diomedes de Jesús Daza Williams y Luis Alexander Cáceres Angarita finalmente pudieron llevarlos a una tumba y despedirlos. Fueron finalmente pudieron llevarlos a una tumba y despedirlos.

En Cúcuta, la familia de Luis Alexander llevó sus restos al Cementerio Central. En Bucaramanga, los familiares de Diomedes de Jesús lo despidieron en el Monasterio de la Visitación.

Para Angélica, recuperar los restos significó mucho más que recibir un cuerpo.

Significó poner fin a una búsqueda, poder decirles a los hijos de Diomedes de Jesús dónde estaba su padre y devolverle a un hombre de apenas 23 años el nombre que, según su familia, nunca debió perder.

Después de casi dos décadas, la familia finalmente pudo llorarlo en un lugar concreto y no frente a una fotografía o en medio de una pregunta sin respuesta.

Publicado por: Redacción Judicial

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