Guillermo Mosquera fue asesinado el lunes en un andén de la carrera 14 con calle 28 de Bucaramanga

Publicado por: Judicial
Desde hacía un año Guillermo Mosquera Santamaría había tocado fondo. Cayó en el ‘infierno’ de las drogas y no volvió a salir. Deambulaba por las calles del Centro de Bucaramanga, dormía donde lo ‘atacara’ el sueño, a la intemperie, rodeado de basura...
El vicio lo alejó de su familia, porque a pesar de los consejos, las ansias de ‘intoxicar’ su cuerpo fueron más grandes; pero nunca lo abandonaron. Su madre no se dio por vencida y hasta el último momento estuvo pendiente de él. Lo buscaba, le llevaba comida, ropa; le ‘suplicaba’ que buscara ayuda, pero el amor no le alcanzó para regresar a su hogar.
Ya no lo esperarán más, Guillermo fue asesinado el lunes minutos antes del mediodía cuando se encontraba en la carrera 14 con calle 28 de la ‘Ciudad Bonita’.
El ‘Tocayo’ como le decían sus seres queridos o ‘Triste’ como lo llamaban sus ‘parceros’ recibió un balazo en la frente. No hubo duda de que el sicario no quería fallar. Iba por Guillermo. María Santamaría está sumida en un dolor incalculable por la pérdida del cuarto de sus cinco hijos. No tuvo fuerzas para reclamar el cuerpo en Medicina Legal. Y aunque sabe que hizo todo lo posible por ‘salvarlo’, la tristeza es grande. Siempre lo protegió.
“Somos de Arauca, pero llegamos a Bucaramanga, porque mi hermano cuando bebé tenía un problema en los pulmones. Mi madre luchó para que lo operaran y le salvaran la vida. Por eso le duele más que haya muerto de esa forma”, manifestó Elizabeth Mosquera, hermana de Guillermo, quien aseguró que su progenitora hasta en las madrugadas iba a buscarlo. Muchas veces se acostaba con la zozobra de no saber si había comido o tenía frío. Todo terminó. Su hijo descansa en paz. El velorio se llevará a cabo hoy en la funeraria San Francisco y será sepultado en el Cementerio Central.
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Malos pasos
‘Tocayo’ comenzó a sumirse en la ‘nebulosa’ vendiendo estupefacientes en el Centro y el norte de Bucaramanga. Desde ese momento, su vida cambió.
Sus allegados le advirtieron que dejara ese negocio que no iba a terminar bien, pero nunca los escuchó y se adentraba cada vez más hasta el punto que probó el bazuco. Ahí comenzó la pesadilla.
Poco a poco salió de la casa y se volvió habitante de calle. “Mi mamá lo buscaba y él a veces iba a visitarla, se bañaba, comía pero después ‘desaparecía’”.
Retornaba a las frías y oscuras calles en busca de un ‘bicho’.
María no lo desamparó y gestionaba su ingreso a un centro rehabilitación.
Había avanzado, pero requería el documento de identificación. Guillermo extravió sus documentos en medio de su perdición.
Ya había hablado para que le dieran la cédula, pero él debía ir a reclamarla personalmente.
“El día que lo asesinaron iba a acompañar a mi hermana a buscar a Tocayo para llevarlo a reclamar el documento, pero antes de que fuéramos ocurrió la tragedia. Me llamaron a decirme que habían matado a un muchacho en ese punto donde se la pasaba Tocayo. Supe que era él. Traté de evitarle el momento duro a mi hermana, pero igual quedó destrozada. No pude llevarla a ese lugar. No quería que lo viera así”, comentó Micaela Santamaría, tía de Guillermo.













