China es una de las grandes potencias mundiales como resultado de su vertiginoso crecimiento y políticas de inversión extranjera, que lo han llevado a ejercer un liderazgo global.

Publicado por: ÁNGELA CASTRO ARIZA
Ese período de “esconder la fuerza y aguardar el momento” como lo planteó Deng Xiaoping, el poderoso líder de la República Popular de China entre los años 70 y 90, ya es cosa del pasado.
Su política de aislamiento de la escena mundial mientras luchaba por salir de la pobreza e implementaba en la sociedad china su “Revolución Cultural” para librarse de lo que llamaba influencia capitalista y pensamiento burgués, dieron paso a un nuevo “despertar” del país como potencia global.
Ahora, en el siglo XXI, despierta para reclamar su lugar en el mundo. Como bien lo predijo Napoleón, en 1793, al referirse a China como “un dragón dormido que cuando despertara, haría estremecer al mundo”.

Con Mao Zedong (fundador de la República Popular China) el país era pobre y miraba hacia adentro. Con Deng, China transitó hacia reformas políticas y económicas de apertura comercial y modernización. Y con Xi Jinping, actual gobernante chino, China es la segunda potencia y su influencia llega a todo el mundo.
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Fue hasta los años 90 cuando China pisó el acelerador e inició una nueva etapa en la que ganó peso en Asia y en el mundo.
De hecho, hoy se posiciona como la segunda potencia mundial, y va camino a destronar a Estados Unidos, en unos cuantos años.
En efecto, Jaime Alberto Rendón, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de La Salle, estima que al ritmo de crecimiento mundial que tiene, China será la primera economía del planeta en 2030, e incluso Estados Unidos bajaría de la segunda posición después de India. Esto, anota, “obviamente deja a China en unas condiciones favorables y tiene ahora un papel protagónico en el mundo”.
El momento actual también se constituye en una “oportunidad histórica” para que China haya consolidado su papel hegemónico.
Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, ha relegado su papel de líder mundial y China está dispuesta a ocupar ese lugar; Europa está presa de sus divisiones y el mundo todavía arrastra los estragos de la crisis financiera de 2008.
Enrique Serrano, internacionalista de la Universidad de del Rosario de Bogotá, describe la transformación de China como estructural y obedece al proceso de normalización en el marco global, “la tradición china era el aislamiento y ahora, según su doctrina, va por la vía contraria y a un gran ritmo”.
A pesar de los gobiernos favorables o desfavorables en cuanto a la influencia del gigante asiático, el experto destaca que “China sigue mostrando una versatilidad y capacidad adaptativa sorprendente para el mundo de hoy”.
Este despertar de China en el sistema mundial, afirma, le ha permitido una diversificación de sus relaciones, que ya no son solo de carácter ideológica, sino que abarcan asuntos sociales, políticos y económicos.
Otro elemento relevante, señala Serrano, es que China está creando viejas dependencias de países débiles, como lo hacía Estados Unidos en los años 50 y 60, “entonces la perspectiva de nuevos Estados, como por ejemplo en África, donde se necesita financiamiento barato”, China facilita esas condiciones.
Al extender su influencia a África, desplazando a Reino Unido y Francia, la banca china ha prestado US$63.000 millones a 54 países de ese continente para construir infraestructura, mientras Estados Unidos sólo ha desembolsado US$1.700 millones a cinco naciones africanas.
Además, el gigante asiático cada vez acentúa las relaciones comerciales y de cooperación con América Latina.
Al respecto, María del Pilar Isidro, directora del programa de Negocios Internacionales de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, subraya que China tiene mucha presencia en América Latina, a través de inversión extranjera directa que busca afianzar en países como Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Chile. Es más, se estima que China ha prestado a Venezuela US$65.000 millones, país que a cambio paga con petróleo. Pero desde 2016 dejó de hacerlo por la crisis interna venezolana.
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Igualmente, Isidro remarca que la cultura asiática tiene un principio: “no hable, actúe” y bajo esa lógica, dice, hay un tema relacionado con la planeación china que es de 50 años, entonces están interesados en resolver sus problemas a largo plazo.
Por todas estas razones, “China se ha convertido en un jugador muy importante y muy hábil en el panorama mundial, y pone a los Estados Unidos en franco peligro en cuanto a la estabilidad de su propia economía” agrega Rendón.
De esto se desprende y explica en buena parte, según el experto, las estrategias de Trump de emprender una guerra comercial, para lo cual empezó a ejercer presiones sobre las exportaciones chinas y lógicamente el país asiático ha respondido con contundencia.
Isidro advierte que el trasfondo de este problema es que EE.UU. está endeudado con China, “hay una deuda grande, así que el bloqueo de este tipo con aranceles del 10% de más, coloca en cierta medida en aprietos al presidente Trump”. China es el segundo tenedor de deuda de Estados Unidos, con más de 1 billón de dólares.
China ya dominó gran parte del mundo hasta el siglo XIX, y en pleno siglo XXI nadie duda de que da pasos de gigante para recobrar esa posición en la escena mundial.













