Un asesino logró permanecer prófugo tras cometer una serie de macabros crímenes en Berlín, hasta que una de sus víctimas sobrevivió. Los tres asesinatos pusieron en jaque a Alemania en 2012.

Publicado por: A.C.
Dirk P., conocido como ‘El asesino del cuarto oscuro’, aterrorizó las noches den Berlín en 2012. Profesor de primaria y antiguo paramédico, Dirk envenenó en Berlín a tres homosexuales con éxtasis líquido, estrangulando al menos a dos de ellos.
Nacido y criado en la ciudad de Saarbrücken, Alemania, el hombre de 38 años creció sin sus padres y la mayor parte del tiempo vivía en casa de su tía Birgit, que era 10 años mayor que él.
Sin embargo, las cosas cambiaron drásticamente cuando falleció el padre de Birgit. Para supuestamente sustituir a su marido, la madre de Birgit insistió en que Dirk se acostara con ella y le hiciera compañía. Se conoció que la mujer solía abusar sexualmente de él. Esto causó un impacto profundo y negativo en su personalidad, a pesar de aparentar como un hombre perfectamente normal.
Cuando ya era un adulto, Dirk se dio cuenta de que era gay, un hecho que supuestamente no le gustó. Considerado amigable y cortés, también estaba bastante involucrado en la iglesia.

Después de ser enfermero, se convirtió en profesor asistente en una escuela primaria de Brandeburgo, donde enseñó matemáticas y alemán. Luego de vivir casi una década con su pareja, se mudó a la ciudad de Berlín cuando su novio encontró trabajo allí.
Pronto, para reprimir su sexualidad, supuestamente recurrió a algunas medidas extremas. En abril de 2012, Dirk conoció a un hombre llamado Alejandro M. en un sitio de citas en línea y lo drogó con una alta dosis de GHB o éxtasis líquido. Su madre lo encontró muerto a la mañana siguiente.
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Nueve días después, el 5 de mayo de 2012, ocurrió el asesinato en el cuarto oscuro que le valió el apodo por parte de las autoridades alemanas. En el baño de Grosse Freiheit 114 en Berlín, apareció el cuerpo de Nicky M. de 32 años, quien también fue drogado por Dirk de la misma manera que su primera víctima.
Al cabo de 11 días, un hombre llamado Pedro fue encontrado muerto en su apartamento de manera similar. Como tenía experiencia como enfermero, Dirk estaba familiarizado con la dosis correcta de GHB necesaria para matar a alguien.
Sin embargo, la noche del a’sesinato en el cuarto oscuro’ en un bar berlínes, cuando no pudo comprar un billete de tren a Sarrebruck con la tarjeta de débito de Nicky, Dirk intentó secuestrar a otra víctima: Miroslaw Wawak. Dentro de la estación de tren le dio una dosis de éxtasis líquido.

Por fortuna, Miroslaw logró salvarse y contar su historia de supervivencia a la Policía. Caminando con la chaqueta de Alexander, fue captado en las imágenes de vigilancia de la zona.

Se suicidó en la cárcel
Cuando fue contactado por las autoridades, Dirk fue interrogado siete veces y cada vez inventó una historia diferente. Al verse descubierto, confesó haber cometido los asesinatos, fue arrestado y acusado de los crímenes por robo. Además los fiscales afirmaron que Dirk también estuvo involucrado en la muerte por envenenamiento de su tía.
El juicio de Dirk P. comenzó el 22 de febrero de 2013. A lo largo del juicio ante el tribunal, no se mostró arrepentido por las vidas que tomó ni tampoco pidió perdón a las familias que destruyó.
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Tras cuatro meses de proceso, fue condenado a cadena perpetua. Dirk nunca reveló la razón por la que cometió los crímenes, pero el juez Peter Schuster determinó que la codicia era su principal motivación. El juez añadió: “Él también quería sentir poder total sobre los demás y disfrutarlo”.
Incluso esta historia inspiró la docuserie “Escena del crimen: Muerte nocturna en Berlín” de Netflix.
A finales de marzo de 2014, apenas nueve meses después de que el tribunal anunciara su sentencia, Dirk P. se suicidió en el hospital del centro penitenciario, sin revelar nunca por qué hizo lo que hizo.
Se trató de un estremecedor caso que desafió los límites de la investigación policial y sacudió los cimientos de una comunidad entera en Alemania. Un recordatorio inquietante de que incluso en los entornos más tolerantes y progresistas, el mal puede acechar en las sombras más insospechadas.
















