Despertar en Nagoro, Japón, sin conocer su historia, puede ser una experiencia espeluznante. Casas abandonadas, caminos vacíos y muñecos de tamaño natural esparcidos por todo el pueblo pueden dar la sensación de estar en una película de terror. Sin embargo, detrás de esta imagen desoladora hay una historia de resistencia y memoria.

Publicado por: A.C.
Ante el preocupante éxodo rural, a Ayano Tsukimi, una residente de la aldea Nagoro, Japón, se le ocurrió reemplazar a los residentes por muñecos de trapo tamaño natural.
Hoy, Nagoro cuenta con 379 habitantes (29 humanos y 350 muñecos). Los muñecos son, en palabras de su creadora, como sus propios hijos.
Lo cierto es que estos muñecos del tamaño de personas han “repoblado” la aldea japonesa, donde el número de habitantes ha disminuido drásticamente. Ayano, fabricante de muñecas, confiesa aque confecciona las figuras para combatir la soledad.
En Nagoro, el silencio no es lo más inquietante. Por elloAyano Tsukimi, la única mujer que se resiste a dejar que su aldea natal se convierta en un pueblo fantasma. ¿Qué motiva a esta costurera a llenar de figuras inertes un lugar que parece condenado al olvido?

Pueblo fantasma
Nagoro es uno de los muchos pueblos rurales de Japón que han quedado al margen del progreso urbano. A medida que la población envejece y los jóvenes se van a las grandes ciudades en busca de oportunidades, lugares como Nagoro se vacían lentamente.
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Lo que alguna vez fue una comunidad vibrante, con escuelas llenas de niños y familias trabajando en los campos, se ha convertido en un pueblo fantasma, donde solo unas pocas personas permanecen.
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Ayano Tsukimi, quien regresó a Nagoro después de años de ausencia, se encontró con una aldea casi vacía. Pero en lugar de resignarse al abandono, decidió hacer algo inusual: comenzó a crear muñecos para reemplazar a quienes habían fallecido o se habían ido.

Más muñecos que habitantes en Nagoro
Cada uno de estos muñecos representa a una persona que alguna vez vivió en Nagoro. Los muñecos están ubicados en lugares clave: sentados en las paradas de autobús, trabajando en los campos, o incluso dentro de las casas, como si estuvieran llevando a cabo su vida cotidiana.
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Hoy en día, Nagoro tiene oficialmente 379 habitantes, pero de esos, 350 son muñecos. Las figuras tienen una apariencia sencilla pero conmovedora, vestidas con ropa de trabajo o atuendos tradicionales.
Con cada figura, Tsukimi no solo está llenando los vacíos físicos en su aldea, sino también preservando la memoria de aquellos que ya no están.

Atrae a turistas y periodistas del mundo
El proyecto de Tsukimi ha atraído la atención de turistas y periodistas de todo el mundo, quienes visitan Nagoro para ver esta singular forma de lucha contra el olvido.
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Aunque para muchos la escena puede parecer tétrica, para Tsukimi es un acto de amor y respeto hacia su comunidad. En lugar de permitir que su pueblo natal se desvanezca en la historia, ha optado por darle una segunda vida, aunque sea una vida hecha de tela y paja.
La historia de Nagoro es un ejemplo de la resistencia frente al olvido, un recordatorio de la fragilidad de las comunidades rurales y un homenaje a las personas que una vez hicieron de Nagoro su hogar.
Con resumen de agencias.
📹 Un pueblo muerto habitado solo por decenas de muñecos en memoria de las personas que alguna vez deambularon por esos lares. Campesinos, carteros, maestros y policías son ahora estoicos vecinos creados por una incansable y solitaria habitante 🇯🇵
— Sputnik Mundo (@SputnikMundo) October 1, 2020
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