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Jueves 24 de julio de 2025 - 04:36 PM

Zona binacional Colombia–Venezuela: ¿qué se propone y por qué ahora?

Colombia y Venezuela firmaron un acuerdo histórico para crear una zona binacional de desarrollo en la frontera. Involucra cinco territorios estratégicos y busca impulsar el comercio, la seguridad y la cooperación regional. ¿Qué implica este pacto y cuáles son los riesgos?

Zona binacional Colombia–Venezuela: ¿qué se propone y por qué ahora?
Zona binacional Colombia–Venezuela: ¿qué se propone y por qué ahora?

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Publicado por: Redacción Internacional

La firma del memorando de entendimiento entre Colombia y Venezuela para crear una zona binacional de paz, unión y desarrollo marca un hito diplomático en una de las fronteras más complejas del continente. Anunciado el 17 de julio de 2025, el acuerdo compromete a ambos gobiernos a impulsar proyectos conjuntos en comercio, seguridad, infraestructura y políticas sociales en cinco territorios fronterizos: Norte de Santander, Cesar y La Guajira (por el lado colombiano), y Táchira y Zulia (por el venezolano).

Aunque el anuncio ha sido recibido como un gesto de distensión y voluntad política, detrás del lenguaje optimista se esconden interrogantes serios sobre la viabilidad, los alcances reales y los riesgos estratégicos de una apuesta de esta magnitud.

El presidente Nicolás Maduro ha descrito la zona binacional como una “zona de paz” con vocación productiva. Según el documento firmado, cuyos detalles completos aún no han sido divulgados, el proyecto contempla integración energética, impulso al comercio legal, sustitución de cultivos ilícitos, cooperación en salud y educación, e incluso posibles planes conjuntos de seguridad.

Para el gobierno de Gustavo Petro, la apuesta forma parte de una estrategia mayor: normalizar plenamente las relaciones diplomáticas con Venezuela tras años de tensiones, y abrir canales para dinamizar el desarrollo de regiones fronterizas históricamente abandonadas.

Pero ¿por qué ahora? La respuesta está en el contexto. Luego del restablecimiento de relaciones en 2022 y la reapertura formal de la frontera en 2023, ambos gobiernos han buscado capitalizar el deshielo diplomático con acciones concretas. En paralelo, la situación en el Catatumbo, una de las regiones más violentas de Colombia, se ha deteriorado, con disputas entre el Eln y las disidencias de las Farc que han provocado desplazamientos masivos y una creciente presión sobre el Estado.

“Es pronto para evaluar la zona binacional; falta claridad institucional”

“Por ahora no tenemos claridad sobre cómo se va a materializar este acuerdo. Es necesario conocer el documento completo, entender qué mecanismos binacionales se crearán, si participarán gobiernos locales o solo los centrales, y cómo se traducirá todo esto en presupuestos y marcos legales”, advierte el politólogo Camilo Cruz, doctor en Ciencias Políticas y docente de la Universidad Autónoma de Bucaramanga.

Cruz propone leer la propuesta como una posible ampliación o formalización de las ya existentes Comisiones Binacionales de Frontera (Combifron), mecanismos históricos que Colombia mantiene con varios países, entre ellos Venezuela. Estas comisiones han permitido desde intercambios de inteligencia militar hasta ejercicios conjuntos de seguridad y cooperación cultural.

“Lo novedoso, señala Cruz, es la intención de volverlo un mecanismo más estable y más amplio territorialmente, involucrando municipios que no siempre han sido considerados fronterizos pero que sí comparten dinámicas sociales, económicas y culturales comunes”.

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El académico también pide prudencia frente al tono grandilocuente de las declaraciones de Nicolás Maduro y otros voceros, que, según él, obedecen más a una lógica política interna que a una realidad institucional consolidada.

Finalmente, considera positivo que se hable de gobernanza fronteriza: “Tenemos una frontera viva que no se detiene en el punto geográfico. Planearla y gestionarla binacionalmente es una necesidad que debe abordarse desde la cooperación, la seguridad y la confianza mutua”.

Desde el punto de vista económico, analistas como Cynthia Arnson, del centro de pensamiento The Dialogue, advierten que la iniciativa puede generar beneficios si se gestiona con transparencia: “Las zonas de integración fronteriza pueden ser oportunidades para el comercio formal, pero requieren coordinación institucional efectiva y confianza mutua, que hoy no es plena entre Bogotá y Caracas”.

En contraste, expertos en seguridad, como los del International Crisis Group, señalan que sin control efectivo del territorio, cualquier intento de desarrollo será inviable. “El crimen organizado domina buena parte de la frontera. No basta con un acuerdo diplomático, se necesita presencia real del Estado, con capacidades y legitimidad”, afirma uno de sus informes recientes.

También se han encendido alarmas desde sectores políticos en Colombia. La senadora María Fernanda Cabal calificó la propuesta como “una entrega encubierta de la soberanía colombiana”, alertando sobre la posible infiltración de intereses ilegales. Aunque el gobierno ha sido enfático en que no habrá tropas venezolanas en suelo colombiano, las dudas persisten.

Álvaro Uribe tuiteó: “Inaceptable la zona binacional acordada con la tiranía de Maduro. Allí domina la criminalidad financiada por el narcotráfico, auspiciada y protegida por Maduro,

Riesgos geopolíticos y falta de claridad

Más allá de las tensiones locales, el proyecto binacional se inscribe en un tablero geopolítico más amplio. Maduro busca consolidar legitimidad internacional en un año en que se reacomodan las fichas regionales. Y para Petro, la relación con Venezuela es clave para su agenda de paz total, así como para gestionar el fenómeno migratorio que sigue impactando al país.

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Sin embargo, el principal problema sigue siendo la falta de información. No se conoce el contenido completo del memorando, no hay cronograma oficial de implementación y no se han definido los marcos legales que regirán la zona binacional. ¿Qué tipo de leyes aplicarán en los espacios compartidos? ¿Cómo se evitará que el vacío normativo sea aprovechado por mafias o grupos armados? ¿Qué mecanismos de seguimiento habrá?

Además, aunque se habla de cinco territorios involucrados, el gobierno colombiano ha aclarado que solo Norte de Santander será parte del piloto inicial. Cesar y La Guajira entrarían en fases posteriores, lo que sugiere que la ejecución será gradual y sujeta a condiciones aún no especificadas.

Publicado por: Redacción Internacional

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