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Lunes 16 de febrero de 2026 - 04:15 PM

¿Por qué el rey de Dinamarca viaja a Groenlandia en plena tensión con EE. UU.?

Entre el 18 y el 20 de febrero, el rey Federico X aterrizará en Groenlandia en una visita que, más allá del protocolo, llega en el momento más delicado: la isla vuelve a estar en el centro de un pulso geopolítico con Estados Unidos y Europa observa de cerca cada gesto. ¿Qué hay detrás de este viaje?

¿Por qué el rey de Dinamarca viaja a Groenlandia en plena tensión con EE. UU.? Foto suministrada Casa Real/VANGUARDIA
¿Por qué el rey de Dinamarca viaja a Groenlandia en plena tensión con EE. UU.? Foto suministrada Casa Real/VANGUARDIA

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Publicado por: Redacción Mundo

El rey Federico X de Dinamarca viajará a Groenlandia del 18 al 20 de febrero, en una visita oficial que busca reforzar el vínculo de la Corona con el territorio autónomo en un momento de presión geopolítica creciente sobre el Ártico. Según el programa divulgado por la Casa Real, el monarca iniciará su agenda en Nuuk, y posteriormente se desplazará a Maniitsoq y Kangerlussuaq, con una parada final en un programa de entrenamiento ártico.

El viaje ocurre mientras vuelve a intensificarse un debate sensible: quién define el futuro de Groenlandia. La discusión, con antecedentes de más de un siglo, se reactivó con la postura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha insistido en que Washington debería “obtener” control sobre la isla y ha planteado propuestas al Gobierno danés, argumentando razones de seguridad en un escenario marcado por la competencia con Rusia y China en el Ártico.

Aunque el rey no gobierna, Dinamarca es una monarquía constitucional, su presencia en Groenlandia tiene un peso simbólico: funciona como una señal de unidad del Reino en un momento en que la relación entre Copenhague, Nuuk y Washington se encuentra bajo escrutinio internacional.

De acuerdo con la Casa Real, Federico X será recibido en Nuuk por el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen y por el presidente del Parlamento (Inatsisartut), Kim Kielsen. La visita se suma a una estrategia institucional más amplia: en las últimas semanas, Dinamarca ha buscado cerrar filas con las autoridades groenlandesas y, al mismo tiempo, contener un pulso diplomático con su principal aliado militar.

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen (c); el ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen (I); y el ministro de Asuntos Exteriores, Lars Loekke Rasmussen, hablan tras una reunión con líderes de partidos sobre Groenlandia, en la Oficina del Primer Ministro en Christiansborg, en Copenhague (Dinamarca).
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen (c); el ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen (I); y el ministro de Asuntos Exteriores, Lars Loekke Rasmussen, hablan tras una reunión con líderes de partidos sobre Groenlandia, en la Oficina del Primer Ministro en Christiansborg, en Copenhague (Dinamarca).

“Todo se acaba”: la advertencia de Frederiksen

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, endureció el tono a comienzos de enero al responder sobre un escenario extremo: que Estados Unidos usara la fuerza contra otro miembro de la OTAN. “Si Estados Unidos ataca a otro país de la OTAN, todo se acaba”, dijo en una entrevista con el medio público DR, en una frase que se leyó como una alerta sobre el tipo de crisis que podría fracturar la arquitectura de seguridad europea.

En paralelo, Frederiksen ha insistido en que la presión estadounidense es inaceptable y ha pedido a Europa actuar con una “mentalidad de emergencia” ante un entorno internacional más impredecible.

La tensión no se ha quedado en declaraciones. Agencias internacionales reportaron que el 28 de enero se abrieron conversaciones diplomáticas entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia para reducir el choque político generado por el impulso de Trump, y que se acordó avanzar mediante un grupo de trabajo de alto nivel.

El tema volvió a escena en la Conferencia de Seguridad de Múnich, donde Frederiksen y Nielsen sostuvieron una reunión que describieron como “constructiva” con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Según Reuters, Nielsen subrayó la necesidad de proteger los intereses groenlandeses e, incluso, afirmó que si se viera obligado a elegir, su país preferiría a Dinamarca antes que a Estados Unidos.

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Vista general de la zona de Myggedalen en Nuuk, Groenlandia, (Elecciones, Dinamarca.
Vista general de la zona de Myggedalen en Nuuk, Groenlandia, (Elecciones, Dinamarca.

¿Qué es Groenlandia hoy?

Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca, pero cuenta con un nivel alto de autogobierno. La Ley de Autogobierno (2009) reconoce a los groenlandeses como un pueblo con derecho a la autodeterminación en el marco del derecho internacional.

En la práctica, Groenlandia administra la mayoría de asuntos internos; sin embargo, Dinamarca mantiene competencias clave como política exterior y defensa, y la corona danesa sigue siendo la moneda. Además, existe un subsidio anual desde Copenhague, que puede ajustarse si crecen los ingresos por recursos minerales.

La independencia, en todo caso, está prevista como una ruta legal: el paso hacia un Estado soberano implicaría un acuerdo político, la aprobación del Parlamento groenlandés y un referendo en Groenlandia, además del aval del Parlamento danés.

El interés de Washington tiene una dimensión militar concreta: en el noroeste de la isla opera Pituffik Space Base (antes Thule Air Base), pieza estratégica para la vigilancia del hemisferio norte. La Fuerza Espacial de EE. UU. señala que allí funciona el Upgraded Early Warning Radar, utilizado por el 12th Space Warning Squadron para tareas de alerta temprana de misiles y conciencia del dominio espacial.

La presencia estadounidense se apoya en acuerdos históricos: centros de investigación señalan que, tras el ingreso de Dinamarca a la OTAN, un acuerdo de 1951 formalizó el marco para la permanencia militar de EE. UU. en la isla, ampliando su capacidad más allá de la Segunda Guerra Mundial.

A esa lógica de defensa se suma otra capa: el deshielo en el Ártico abre nuevas rutas marítimas y revaloriza minerales estratégicos (incluidas “tierras raras”) que pueden resultar decisivos para cadenas tecnológicas y energéticas.

La idea de adquirir Groenlandia no es nueva en la historia estadounidense. Associated Press recordó que Washington exploró el tema en el siglo XIX y que en 1946 el presidente Harry Truman llegó a ofrecer 100 millones de dólares en oro por la isla; Dinamarca se negó.

Hoy, sin embargo, el contexto es distinto: la disputa ocurre dentro de una alianza, la OTAN, y en un tablero donde el Ártico se ha convertido en frontera estratégica. En ese escenario, la visita del rey Federico X busca enviar un mensaje nítido: que, más allá del ruido internacional, Dinamarca reafirma su vínculo político e institucional con Groenlandia, mientras Nuuk insiste en que su futuro debe decidirse desde la isla.

Publicado por: Redacción Mundo

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