viernes 05 de julio de 2019 - 12:00 AM

África en primer plano

Son estados muy débiles que surgieron de procesos colonizadores europeos, a los que se les suma la violencia, la pobreza y complejas situaciones climatológicas que originan crisis económicas, hambrunas y desplazamiento.
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Por desgracia, África es el continente con más conflictos en el mundo, y a la vez, conflictos olvidados. Heridas de guerra, alimentadas por la miseria, el hambre, la incapacidad y la corrupción.

Un continente que no recibe la misma visibilidad ni se le brinda la misma cobertura como a lo que sucede en Occidente.

La presencia de grupos yihadistas, enfrentamientos armados, epidemias, luchas políticas, tensiones étnicas, crisis humanitarias y pugna por los recursos naturales hacen del denominado “continente negro” uno de los más problemáticos.

No hay que olvidar que África alberga los 10 países más pobres de todo el mundo (Níger ocupa el primer lugar) y además, es el hogar de más de 18 millones de refugiados y desplazados por la fuerza debido a conflictos armados, según datos de la Acnur. La mayor cifra que esa región del mundo ha visto en su historia, según datos del Banco Mundial.

Y es África Subsahariana, zona que comprende todos los países africanos que no limitan con el Mediterráneo, la que abarca más del 26% de la población refugiada del mundo.

Níger, Malí, Chad, Nigeria, Burundi, Burkina Faso, Somalia, República Democrática del Congo, Sudán del Sur y República Centroafricana, por mencionar algunos, son naciones donde el caos reina, algunas de sus zonas aún están controladas por rebeldes, pero que a los ojos del mundo es un problema prácticamente inexistente.

Por ejemplo, la guerra civil en Somalia, es considerada la más importante, ya que lleva activa desde 1991.

El saldo no deja de ser aterrador: un millón de somalíes ha muerto por causa de esta guerra, a lo que se le une la sequía y la hambruna que sufre el país, y que ponen en peligro todavía más vidas, especialmente la población más vulnerable.

La realidad

Al referirse a la situación actual del continente africano, Isaac Bigio, analista internacional formado en la London School of Economics & Political Sciences, asegura que son países sin mar y recursos petroleros, con muchas zonas de desierto y pocas riquezas naturales y agrícolas.

“En el medioevo algunos de ellos tuvieron importancia como parte del comercio de oro y sal que atravesaba el Sahara, pero ahora producen relativamente poco para el mercado mundial”, recuerda el especialista en países en conflicto.

Adicionalmente, advierte que “el cambio climático y la agricultura intensiva han ido impulsando a que el desierto se vaya expandiendo y a que haya problemas de tierra y conflictos entre agricultores y pastores”.

El yihadismo, según Bigio, que “aprovecha esa crisis para aparecer como defensores de dichos pueblos frente a la occidentalización, la modernización y el avance del cristianismo al sur del Sahel”.

Cabe señalar que el Sahel es una franja de 5.400 kilómetros que atraviesa el continente africano, desde el Océano Atlántico hasta el Mar Rojo. De oeste a este el Sahel cubre total o parcialmente el territorio del norte de Senegal, sur de Mauritania, Malí, la parte sur de Argelia, Níger, Chad, el sur de Sudán y Eritrea.

A juicio de Bigio, el mundo no apunta a África como su prioridad.

Argumenta lo anterior, a que “la comunidad internacional no le ha dado mucha importancia a los genocidios del Congo y Ruanda donde han muerto cinco millones de personas debido a que las grandes potencias se interesan más en el oro negro (que allí no existe) que en la gente negra”.

José Ángel Hernández, director de la Maestría de Historia Contemporánea de la Universidad Sergio Arboleda, concuerda con ello y explica que lo que en el pasado se llamada “África negra” y ahora se conoce como África Subsahariana, “parece que se han juntado todos los jinetes de la Apocalipsis, además de la corrupción”.

En ese sentido, añade que son países donde falta infraestructura de todo tipo, describiendo que solo un tercio tiene acceso a electricidad, tienen menos carreteras que Polonia a excepción de Suráfrica, y menos de la mitad cuenta con líneas telefónica comparado con América Latina.

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Cuestión “irresoluble”

En definitiva, “una zona muy complicada desde el punto de vista del desarrollo, pero que garantiza la salida de materias primas hacia los mercados occidentales y asiáticos, y eso es lo que interesa a Occidente”, resalta el Doctor en Historia Contemporánea.

“En geopolítica se suele decir que lo que pasa en África es irresoluble y que mientras salgan las materias primas todo irá bien”, afirma Hernández.

Por esta razón, dice el experto, se dan las matanzas, el Sida acampa a sus anchas, la corrupción y la muerte y en definitiva, las guerras en estos países africanos “son el pan de cada día”.

En cuanto al integracionismo (fundamentalismo) islámico en el área subsahariana, recuerda que hasta hace un cuarto de siglo la región del Sahara marcaba una barrera entre el Islam y el sur cristiano en África.

Sin embargo, aclara que el Islam ya ha traspasado la línea natural que era el Sahara, y se adentra en el África negra, desde Nigeria, parte norte, Gambia por el Cuerno de África, Etiopía, Kenia y Tanzania. En resumen, el Islam se ha extendido por toda esa zona.

“Y eso es lo que crea el islamismo radical, genera muchos problemas en cuanto a que las dos comunidades principales se enfrentan, por eso los atentados contra las iglesias de tanta repercusión mundial en esos países”, recalca el experto.

Igualmente menciona que es la zona donde por ejemplo, en Malí y Nigeria, se mueve Boko Haram, “una franquicia del radicalismo islámico”.

Se trata de un grupo terrorista afiliado a Al Qaeda y al Estado Islámico, que han instrumentalizado antiguas rivalidades confesionales y recriminaciones contra el Estado y las elites política y económica.

Boko Haram se fundó en 2002 y lleva varios años operando en zonas de Nigeria, Níger, Chad y Camerún, lo mismo que Al Shabaab, en este caso en la parte este, principalmente en Somalia.

Hay que recordar, además que hay norteamericanos, franceses y otros europeos, tratando de frenar el radicalismo islámico en ese continente. “Pero el islamismo en su expresión más radical no deja de extenderse y generar conflictos allí”, reconoce Hernández.

Todos esos países de la linea subsahariana, donde se concentran la mayoría de conflictos violentos en el mundo, donde falta la democracia, hay explotación del territorio por parte de empresas occidentales, y malestar de la población, se supone que la crisis seguirá siendo una constante en el futuro de África, advierte el historiador.

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