Un nuevo estudio revela cómo los envases domésticos transfieren compuestos químicos nocivos a los alimentos durante su refrigeración y congelación.

Publicado por: Redacción Ciencia
Hasta ahora, la preocupación por la seguridad alimentaria se centraba en las condiciones de calor, pero el frío de su hogar podría no ser tan inofensivo.
Una investigación pionera coliderada por el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) de España y la Universidad de Florencia ha demostrado que los aditivos plásticos de los envases comerciales comunes migran directamente al pescado fresco durante su almacenamiento doméstico en la nevera y el congelador.
El estudio, publicado en la prestigiosa revista Environment International, aborda por primera vez este fenómeno bajo condiciones reales de conservación en frío y lanza una advertencia clara: el tiempo de almacenamiento es un factor crítico que multiplica la transferencia de contaminantes químicos hacia los alimentos. Lea: Cinco consejos para almacenar correctamente los alimentos

El frío no frena la migración química de los alimentos
Tradicionalmente, las pruebas científicas forzaban la migración de componentes usando el calor como acelerador. Se recomienda: ¿De dónde viene el pescado que venden en el D1? Le contamos:
Sin embargo, este equipo analizó el comportamiento de cuatro familias de sustancias químicas (ftalatos, bisfenoles, ésteres organofosforados y plastificantes alternativos) en las condiciones habituales de un hogar: refrigeración a +4 ºC durante 48 horas y congelación a -18 ºC durante 30 días.
Los científicos testearon materiales de uso cotidiano como bandejas de poliestireno, films, bolsas de congelación y bandejas compostables utilizando tres tipos de pescado: salmón, atún y merluza.

El tipo de pescado determina el contaminante que absorbe
Los resultados arrojaron que las tasas de migración pueden alcanzar hasta el 100% en compuestos como los bisfenoles, dependiendo directamente de las propiedades del alimento:
- Pescados grasos (Salmón): Atrajeron con mayor facilidad a los compuestos lipofílicos (solubles en grasa). El plastificante alternativo DEHA, por ejemplo, registró una transferencia superior al 95% en esta especie.
- Pescados con más contenido de agua (Merluza): Mostraron una mayor absorción de los bisfenoles.
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El bisfenol A dispara las alertas de riesgo para la salud
El estudio combinó los datos de las concentraciones químicas con los registros oficiales de consumo de pescado en España para estimar el impacto real en adultos, niños y bebés. Los datos son preocupantes: en casi la mitad de los escenarios domésticos analizados se superó el umbral de riesgo de ingesta seguro establecido por las autoridades internacionales.
El principal responsable de este riesgo es el bisfenol A (BPA), un conocido disruptor endocrino con potencial carcinogénico. En 2023, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) redujo drásticamente el índice de exposición diaria segura de este compuesto en 20.000 veces. Otras noticias: ‘Póngase trucha’: ¿De dónde viene el pescado que nos comemos en Bucaramanga y Santander?
“Considerando únicamente la exposición por ingesta de pescado, se supera el valor recomendado para el bisfenol A, pero los niveles son aún mayores si sumamos el resto de alimentos, la inhalación y el contacto dérmico”, advirtió Ethel Eljarrat, coautora y directora del IDAEA-CSIC.
De acuerdo con el modelo, el escenario de mayor riesgo detectado se dio en la merluza congelada durante 30 días dentro de bandejas compostables, mientras que la refrigeración corta en bolsas plásticas convencionales mostró los índices más bajos.

Hacia una regulación definitiva del bisfenol
Frente a estas evidencias, los expertos urgen a la industria y a los reguladores a evaluar la seguridad de los materiales en contacto con alimentos bajo ópticas de uso cotidiano. Tenga en cuenta: Investigan lote de camarones congelados por posible contaminación radioactiva: ¿están en su nevera?
Cabe recordar que la Unión Europea aprobó restricciones progresivas contra el uso de bisfenoles en empaques alimentarios que entraron en vigor en enero de 2025. No obstante, la normativa contempla un periodo de transición de 36 meses para su aplicación definitiva, por lo que los científicos insisten en la importancia de acelerar la transición hacia compuestos alternativos totalmente seguros y testados legalmente.











