Cocineras y comerciantes del Paseo del Río de Barrancabermeja protestaron por los retrasos en las obras del muelle, que mantienen cerradas las casetas gastronómicas desde hace casi tres años y han afectado a decenas de familias que vivían del turismo y la comida tradicional.

Publicado por: Lesly Adriana Cifuentes
Durante años, el olor del pescado frito, el sancocho de bocachico y de bagre, y el ir y venir de turistas hicieron del muelle, también conocido como Paseo del Río de Barrancabermeja, uno de los lugares más vivos de la ciudad. Allí no solo convergían visitantes atraídos por la gastronomía y el paisaje sobre el río Magdalena; también trabajaban decenas de familias que durante generaciones encontraron en ese lugar su sustento.
Hoy el panorama es otro. Las casetas de comida tradicional permanecen vacías, rodeadas de maleza y en completo abandono, mientras la obra que motivó el cierre de esta zona aún no logra devolverle la vida a uno de los sitios más representativos del Distrito.
En medio de ese paisaje, que ya no es el mismo, cocineras tradicionales, líderes comunitarios y habitantes del sector regresaron durante la mañana de este martes 30 de junio de 2026 al lugar donde alguna vez trabajaron para realizar un plantón y exigir respuestas. Casi tres años después del cierre del sector por las obras que buscaban evitar el colapso de la infraestructura y proteger la margen derecha del río Magdalena, aseguran que las promesas de una solución quedaron en el aire y que el abandono terminó por apagar uno de los principales atractivos turísticos de Barrancabermeja.
“Nos dejaron sin río”, repetían varios de los asistentes mientras recorrían el corredor cerrado con láminas. La frase resume el sentimiento de quienes consideran que el impacto de la demora en las obras ha sido incalculable. Dicen que perdieron clientes, ingresos, tradiciones familiares y el vínculo cercano con el río Magdalena, alrededor del cual crecieron sus negocios y buena parte de la identidad de la ciudad.

“Nos dijeron que iban a hacer las obras de protección del río y que en nueve meses volvíamos a entrar, por eso nosotros firmamos. Nosotros fuimos una de las últimas en hacerlo porque no nos interesaba la plata. Lo que nos interesaba era trabajar y que no dejaran acabar esto, porque el muelle es la vida cultural, es la cara de Barrancabermeja”, relató Sara Moreno, cocinera de los restaurantes del Paseo del Río.
La mujer recordó que turistas de distintas regiones llegaban atraídos por la belleza del paisaje y por la cocina tradicional. Dice que la visita de creadores de contenido y programas gastronómicos ayudó a convertir el muelle en un referente nacional.
“Mi restaurante fue donde vino Tulio Recomienda. Eso le dio mucha cara a Barrancabermeja. Venía gente de muchas ciudades y hasta de otros países. Todo el mundo decía que qué bonito era el muelle y nosotros le pedíamos al alcalde que no nos sacara, porque sabíamos que después iba a ser muy difícil volver”, dijo.
Hoy, cuando han pasado casi tres años desde que salió de su cocina y cuando, según afirma, ya deberían haber terminado los trabajos, la mujer asegura que el mayor golpe no ha sido únicamente perder el negocio, sino regresar cada cierto tiempo y encontrar el mismo paisaje de abandono.
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“Eso da ganas de llorar. Aquí había vida. La gente llegaba a mirar el río, a comer y a compartir. Hoy uno mira para todos lados y solo encuentra tristeza. Nos dijeron que el muelle se iba a caer y que por eso las obras eran urgentes. Ya vamos para tres años; el muelle sigue ahí, las obras no terminan y nosotros seguimos por fuera de él”, señaló.
La espera por la finalización de la obra también terminó convirtiéndose en una despedida para algunas familias. Claudia Barrios contó que su madre dedicó gran parte de su vida a preparar comida tradicional en el muelle y falleció hace tres meses sin volver a ocupar el negocio que sostuvo durante décadas.
60 % de avance registra actualmente la obra de protección del muelle, según la Secretaría de Infraestructura.
“Mi mamá murió esperando la alegría de volver aquí al muelle. Nos hicieron salir con la promesa de que regresaríamos en nueve meses y ya vamos para tres años. Ella alcanzó a esperar ese momento, pero nunca pudo regresar”, contó.
Según la afectada, la situación económica de muchas familias se agravó con el paso del tiempo. Las ayudas que recibieron durante la reubicación dejaron de entregarse y, pese a los esfuerzos por encontrar otras alternativas, no han logrado recuperar la estabilidad que tenían antes del cierre.
“Estamos pasando necesidades. Esa plata se volvió nada y el negocio nunca lo pudimos volver a montar. Lo único que pedimos es que nos dejen entrar o que nos digan qué va a pasar con nosotros, porque hasta ahora nadie nos responde”, agregó.
Por su parte, el veedor ciudadano Ángel Rivera, quien ha acompañado el seguimiento al proyecto, sostiene que la incertidumbre persiste pese a las reuniones adelantadas con diferentes entidades del orden nacional. Según explicó, las conversaciones con organismos de control no se han traducido en avances visibles para quienes esperan la reactivación de la obra.
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“Ya vamos a cumplir tres años con esta angustia. Hemos participado en reuniones con la Contraloría y Cormagdalena, pero seguimos sin una respuesta concreta. Lo que queremos es que el muelle vuelva a ser prioridad, porque este lugar hace parte de la historia de Barrancabermeja”, dijo.
Los manifestantes anunciaron que continuarán realizando jornadas de protesta hasta obtener respuestas sobre el futuro del proyecto y de las familias afectadas.
¿Qué pasó con el proyecto?
En 2018, el deterioro del tablestacado y la erosión provocada por el río Magdalena llevaron al Distrito a declarar la calamidad pública ante el riesgo de colapso de la estructura. A partir de ese momento se iniciaron los estudios para definir una solución que permitiera proteger la margen del río y conservar uno de los espacios turísticos y gastronómicos más representativos de Barrancabermeja.
Después de varios ajustes técnicos y de la búsqueda de financiación, en 2022 la Instancia de Regalías del Río aprobó recursos por $19.600 millones para ejecutar las obras de protección del muelle, provenientes del Sistema General de Regalías y administrados a través de Cormagdalena. La intervención contempla la instalación de más de 500 pilotes tubulares de acero a lo largo de 323 metros de la ribera del río Magdalena, con el propósito de estabilizar el terreno, proteger el tablestacado y garantizar la recuperación del paseo cultural y gastronómico.
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Para permitir la ejecución de los trabajos, que inicialmente estaban programados para durar nueve meses, las cocineras y comerciantes aceptaron desalojar temporalmente sus locales con el compromiso de regresar una vez terminara la obra. No obstante, durante la ejecución surgieron diferencias entre las condiciones encontradas en el terreno y los diseños originales, situación que, según la Administración Distrital, obligó a replantear parte del proceso constructivo y a gestionar una modificación técnica del proyecto.
“En este momento la obra tiene un avance superior al 60 %, con los pilotes ya hincados. Necesitamos sí o sí hacer una modificación dentro del proyecto. Requerimos una consultoría para definir cómo será el cambio en el proceso constructivo sobre el anclaje de estos pilotes y ese proceso debe llevarse al OCAD Río para su aprobación”, expresó Johana Paola Santos, secretaria de Infraestructura de Barrancabermeja.
La funcionaria indicó que el Distrito ya entregó documentación a Cormagdalena y al Departamento Nacional de Planeación, DNP, entidades con las que espera realizar una mesa técnica para presentar oficialmente la modificación requerida.
“Ya entregamos todo este proceso a Cormagdalena, se hicieron unos ajustes por parte del DNP y estamos esperando la mesa técnica para entregar la respuesta definitiva. Hasta tanto no tengamos esa reunión, no podemos realizar ningún ajuste ni modificación al proceso constructivo que llevamos dentro de la obra de protección”, explicó.
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La Administración Distrital ha advertido que, debido a los cambios en los diseños y a las condiciones encontradas durante la ejecución, será necesario gestionar recursos adicionales para terminar la intervención y garantizar la estabilidad de la estructura. De acuerdo con lo señalado por la Secretaría de Infraestructura, la adición podría superar los $8.000 millones, aunque esa cifra deberá quedar definida dentro del trámite técnico y presupuestal correspondiente.

Mientras tanto, el muelle permanece cerrado, las casetas continúan abandonadas y vacías, y el río Magdalena, que durante décadas fue escenario de encuentro entre cocineras, pescadores, habitantes y visitantes, sigue lejos de quienes hicieron de ese lugar una parte esencial de la memoria de Barrancabermeja.














