martes 26 de febrero de 2019 - 12:00 AM

El dinero causa adicción

El narcotráfico ha experimentado una redistribución del control territorial con nuevos protagonistas y derroteros de un negocio que se ha diversificado con el microtráfico y las bandas.
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La desaparición de los grandes carteles de la droga ha abierto la puerta a bandas criminales, minicarteles, reductos y grupillos, que se han venido adaptando a buscar nuevas rutas y nuevos modus operandi de un lucrativo negocio en constante mutación.

El mapa del narcotráfico ha cambiado durante los últimos años en América Latina, en buena parte por el combate de las autoridades y la presión gubernamental.

El panorama se ha atomizado a tal punto, que ha dejado atrás el paradigma de los más notorios capos de la droga, llevando a una recolocación de los actores del narcotráfico en todo el continente, donde su poder radica en el bajo perfil, menos ostentación y más silencio.

La caída de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, el todopoderoso capo del cartel de Sinaloa, considerado un personaje de leyenda, marcó no sólo el fin de una carrera criminal con gran impacto mediático, sino también el fin de una era en México.

No en vano ‘El Chapo’, quien espera sentencia en una cárcel de máxima seguridad en Estados Unidos tras ser declarado culpable de narcotráfico a comienzos del presente mes, ha sido el hilo conductor de la historia del narcotráfico en México en los últimos 25 años.

Además, el trasiego de drogas hacia el país del norte y otros continentes también ha mutado. Los grupos criminales mexicanos han entrado con bríos a disputar y a desplazar de manera efectiva a los carteles colombianos el control de esta actividad criminal.

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Delito transnacional

Claudia Dangong, profesora de Ciencia Política de la Universidad Javeriana, describe que tras el surgimiento de los carteles colombianos en la década de los 80, que terminaron con la muerte de Pablo Escobar, se dio un fenómeno transnacional del narcotráfico en toda la zona Andina de América Latina, en donde se concentraron los cultivos de la hoja de coca.

Sin embargo, añade que de estar concentrado en la región Andina, con énfasis en países como Colombia y Bolivia, el negocio se va extendiendo y consolidando en América Latina en general.

En síntesis, es un problema que arrastra la totalidad de países latinoamericanos, bien sea como productores, exportadores, rutas de comercio, sitios para el lavado de activos o de consumidores.

Como si fuera poco, tras la caída de los cabecillas de las drogas, muchos de los cuales fueron dados de baja, la experta explica que el negocio se ha venido atomizando para quedar en manos de grupillos, o los ‘narcos’ se van asociando con guerrillas, paramilitares o crimen organizado.

Aquí se puede observar una criminalidad conexa al delito del tráfico de drogas, sin mencionar que han permeado las esferas más íntimas del poder y de la institucionalidad.

“Como el negocio es rentable, es difícil acabar con él, y además encuentra aliados”, manifiesta Dangong, quien insiste en que más que un fenómeno criminal, el tráfico de drogas debe tener un enfoque integral para atacarlo desde el punto de vista punitivo, social, cultural y de relación con la pobreza y la desigualdad.

La experta expone la tesis de que el problema primario es el narcotráfico, como herencia de la década de los 80 que se ha enquistado en la sociedad, pero que requiere acciones de largo aliento para combatirlo eficazmente.

México desplaza a Colombia

Luis Fernando Ramírez, vicerrector Administrativo de la Universidad de La Salle, considera interesante el papel que ha desempeñado Colombia dentro de ese proceso de transformación que ha tenido el negocio de las drogas en el continente.

En esa línea, señala que Colombia sigue siendo un gran abastecedor de materia prima y de procesamiento de la hoja de coca, su papel dentro de la cadena de producción, y dice que eso se ratifica por el número de hectáreas que antes que reducirse, se han incrementando.

Se refiere con esto a que de 2016 a 2017 aumentaron en 25.000 las hectáreas de coca en Colombia, lo que representa un crecimiento del 17%, según informe de la ONU. Es decir, se detectaron 171.000 hectáreas sembradas con matas de coca en el país en 2017.

Otro punto llamativo a evaluar, destaca Ramírez, es que Colombia ya dejó de ser un país estratégico en materia de distribución, y ahora esa función quedó en manos de México, actualmente el gran distribuidor hacia Estados Unidos y Europa, con sus carteles del Norte.

“La mayor parte de la ganancia la tienen los carteles mexicanos, y se estima que un 70% de la rentabilidad del negocio está hoy en día en México y el 30% en Colombia del producto de la venta de la droga”, remarca el directivo universitario.

Esta opinión es compartida por Juan Carlos Rozo, profesor de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Houston de EE.UU., quien apunta que Colombia, luego de que en los años 70 y 80 fuese productor, transportador, mediador de la coca, fue cediendo el paso a otros focos territoriales, y sumado a ello, la aparición de carteles mexicanos, poniendo como ejemplo el poderoso cartel de Sinaloa.

De otro lado, el experto Ramírez resalta que el perfil del narcotraficante ha bajado, ha dejado de ser tan visible, con sus comportamientos y la forma en la que viven, son más empresarios.

“Es una nueva generación de mayor nivel educativo y están asociados con grupos o bandas ilegales organizados”, subraya.

A su juicio, se han mimetizado con otras actuaciones ilegales que combinan distintas estrategias para fortalecer la actividad del narcotráfico.

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