jueves 12 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

La guerra perdida contra el dólar

Los venezolanos han recurrido a la receta de la dolarización de facto para sobrevivir y enfrentar la apremiante situación económica de un país en crisis permanente, y donde el bolívar tendría los días contados.
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Fabiola Angarita paga todo en dólares. Desde el mercado, los electrodomésticos, la ropa de sus hijos, hasta el café o el helado que consume en la calle.

Su situación retrata la de millones de venezolanos, quienes utilizan esta divisa extranjera como ‘tabla de salvación’ de una profunda crisis económica donde el bolívar, la moneda local, ha dejado de tener valor a medida que el dólar domina las transacciones comerciales en la vida cotidiana del país.

El dólar marca el paso de la economía venezolana, ya que alrededor del 53,8% de las operaciones se paga en dólares.

Según Fabiola, bumanguesa de nacimiento y también ciudadana venezolana tras llevar más de 30 años viviendo en Valencia, cerca de Caracas, es habitual que todo se negocie en dólares porque se ha vuelto moneda de uso corriente aunque no sea oficial.

Así pues, el país se dolariza de facto. Atrás quedaron esas épocas en las que la moneda norteamericana fue satanizada durante los 16 años que se mantuvo el control cambiario impuesto por el fallecido Hugo Chávez en 2003.

De hecho, el presidente Nicolás Maduro, quien había despotricado de la dolarización de la economía tachándola de “inconstitucional”, la califica ahora como “una válvula de escape” y una forma de recuperar “las fuerzas productivas del país”.

“Había escasez, y la gente empezó a traer cosas importadas y las compraba en dólares y poco a poco todo el mundo comenzó a pagar de esa forma”, comenta esta empleada de una tienda de ropa infantil, quien incluso recibe su sueldo en dólares.

El testimonio de Freddy Pinzón es muy similar. “Aquí todo se maneja en dólares”, manifiesta este comerciante venezolano, quien agrega que solo se pagan en bolívares los servicios públicos y otros gastos del Estado.

Sin embargo, ve problemas ante este nuevo escenario cambiario: “en ninguna economía es bueno tener otra moneda y menos si no es la oficial, comienza a mutar la economía y hacer cada día peor la devaluación”.

Advierte otros riesgos, entre ellos que sea un “comodín para el lavado de dinero para las mafias” y que no resuelva el problema de la hiperinflación, que en este país se sitúa en el 8.900% anual, una de las más altas del mundo.

Esta dolarización no formal, a juicio de Jaime Alberto Rendón, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de La Salle, responde a la desconfianza que hay hacia la moneda nacional y a los movimientos inestables de la economía de un país que no levanta cabeza.

Cuando los niveles de inflación son tan grandes y la desconfianza es tan alta, se pasa a una moneda fuerte como el dólar, resume el experto.

Destaca además otro elemento y es que “cuando hay procesos de dolarización, la sociedad extraña su moneda”, que es un símbolo de identidad nacional, citando por ejemplo que un ecuatoriano añora el sucre o un español añora el peso.

Otro aspecto a tener en cuenta, es que la economía pierde la capacidad de manejo de su política monetaria, estima Rendón. Y argumenta que una de las funciones del Banco Central es incidir en la relación de su moneda con ella misma, con la inflación y su relación con otras monedas (el tipo de cambio).

Este es precisamente el costo de este tipo de dolarización de facto, considera Juan Felipe Bernal, economista y profesor de la Universidad Javeriana.

Explica en ese sentido, que al renunciar la moneda doméstica, el país no tiene autonomía en la política monetaria, es decir, no puede manejar la emisión de dinero para contrarrestar los ciclos económicos.

“Lo que usa Colombia y otros países desarrollados, es el manejo de la tasa de interés de intervención, que es la tasa en la cual el Banco Central les presta recursos de corto plazo a los bancos comerciales y estos a su vez, los prestan a los agentes privados”, expone Bernal.

Entonces, si la economía de Colombia está entrando en recesión, el Banco de la República baja la tasa de interés para reactivar la inversión y la compra de bienes durables.

No obstante, una economía dolarizada no puede hacer eso, porque el Banco Central ya pierde el control sobre la política monetaria, recalca el economista.

Lo que pasa en Venezuela, anota, es que una moneda que no tiene poder adquisitivo y deja de servir para realizar transacciones.

Y la opción que les queda a la población es usar monedas extranjeras de prestigio, en este caso el dólar.

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Inflación en dólares

Lo que aprecia Juan Nicolás Garzón, profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas Universidad de La Sabana, es que el Gobierno venezolano no tiene control sobre la cantidad de dólares que circula a diferencia de lo que pasa con los bolívares, y esto le permite a la economía ajustarse de forma gradual a los efectos que tiene la inflación.

Aunque en este caso, Maduro salió a decir que la opción del dólar no es descartable, el analista internacional señala que también es importante enfatizar que de su gobierno del cual se puede esperar cualquier cosa.

“Debido a la situación tan desesperada y crítica como la de Venezuela, el Gobierno da muchos tumbos y las decisiones pueden ser completamente inesperadas y erráticas” en política económica, sostiene Garzón.

En lo que respecta a la hiperinflación, asegura que obedece a una razón fundamental, y es el hecho de que ha aumentado consistentemente el dinero que circula, es decir, el bolívar.

“Ese crecimiento es superior a la cantidad de bienes y servicios que están disponibles para ser transados”, dice.

En resumen, mucho dinero producto de lo que el Gobierno venezolano ha tratado de hacer para atender los problemas sociales y económicos del país a punta de gasto público y emisión de un control directo sobre la oferta monetaria, apunta el experto consultado.

De allí que “una de las válvulas de escape es que las transacciones se hagan en dólares, una moneda más fuerte”, estima Garzón.

Para él, lo más grave del asunto, es que se está presentando un nuevo escenario: hiperinflación en dólares.

Rendón, por su parte, subraya que cuando las economías se dolarizan, lo que tiende a presentarse es un proceso de inflación, por los ajustes de la moneda local.

En su opinión, la gente termina por darle un manejo cotidiano, y el riesgo es un mercado paralelo o mercado negro de dólares, que antes que dar un respiro a la crisis, terminan por asfixiarla.

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