Niños de Girón conviertieron su escuela en una huerta y recibieron premio ambiental. El proyecto integra compostaje, reciclaje y cuidado de la fauna silvestre.

Un olor a tierra húmeda acompaña las mañanas en la sede Palogordo del Colegio Integrado Llano Grande, en Girón. Con hortalizas sembradas en botellas recicladas, gallinas criollas y estudiantes que aprendieron a preparar compostaje, se escribe desde hace 14 años una historia: “Mi campo en la escuela”.
Esta iniciativa recibió el reconocimiento como el Proyecto Modelo PRAE (Proyecto Ambiental Escolar) en el Seminario de Educación Ambiental y el Congreso Internacional Ambiental, liderado por la Corporación Autónoma Regional Para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Cdmb, que se vivió la semana pasada en la Universidad Pontificia Bolivariana.

El docente Stewart Bohórquez Ortega lidera el proyecto con el que más de 110 niños, de preescolar a quinto grado, convierten su aula en una extensión del campo. “Nuestro proyecto es cíclico y se trabaja lo que es la economía circular”, explica el docente. Lea también: El curioso video que muestra cómo vive un oso andino en Virolín, Santander

Los estudiantes de segundo grado cultivan hortalizas en huertos colgantes. Los de tercero se encargan del compostaje. Este se prepara con los residuos orgánicos del restaurante escolar y la hojarasca de los árboles, y sirve de abono para los jardines.

Otros estudiantes cuidan las aves de corral, monitorean las plantas para los polinizadores y todos aportan a que el restaurante escolar cierre el ciclo de los residuos. Además, en las aulas se les ve aprendiendo del cuidado de la fauna silvestre.
“Siempre me ha gustado el campo. Soy del campo, allí me crié”, recuerda Bohórquez Ortega. Desde esa convicción decidió liderar, con amor y compromiso por la tierra, este camino de aprendizajes con sus alumnos.

“Muchos jóvenes abandonan el campo para dedicarse a otras cosas y desde mi rol como maestro me parece importante generar el entusiasmo de los niños, desde muy pequeños, para que decidan quedarse y trabajar por la tierra”, resalta.
El objetivo del proyecto es enseñarle a los estudiantes el potencial de sus territorios y el poder que tienen ellos para conservarlo. Le puede interesar: Conozca cuatro joyas turísticas con aval verde en Santander
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“Inicialmente me encontré con un poco de resistencia a lo nuevo. No teníamos encerramiento en la sede y muchas veces uno hacía el huerto y después del fin de semana lo encontraba destruido. Poco a poco se fue cultivando el cariño de los niños y toda la comunidad por el proyecto, porque no solo vincula a los estudiantes, también a los padres de familia”, relata el maestro.

Las horas de clase en las que se habla de fauna silvestre se han convertido en las favoritas. Los niños aprendieron a mirar distinto a los animales silvestres que rondan sus casas. “Estamos en una zona rural, hay mucha influencia de fauna silvestre. Desde hace mucho tiempo los niños empezaron a entender la importancia de estos animales, incluso transmiten ese conocimiento a sus hogares”.
El restaurante escolar se convirtió en un aliado. “Con los residuos orgánicos que quedan del almuerzo se prepara alimento para las gallinas y también compostaje. Así los niños ven un proceso que en casa también pueden hacer, reduciendo la contaminación y la generación de basuras”, agreda el docente.
Este reconocimiento llegó como una vitrina para mostrarle a Santander que se puede, y debe, contribuir al cuidado de la riqueza natural.
“Íbamos con la expectativa de mostrar nuestro proyecto, a divertirnos, a aprender. Cuando nos nombran ganadores fue supremamente gratificante porque es la visibilización de tantos años de esfuerzo”, afirmó el docente Stewart Bohórquez Ortega, quien viajará con dos estudiantes a representar a Santander en el Gran Encuentro de Educación Ambiental del nororiente, el próximo 26 de septiembre.

Un escenario académico y ambiental
La jornada de premiación se desarrolló en el marco de la Semana Mundial del Agua, que reunió a más de 200 jóvenes de instituciones educativas de los 13 municipios de la la jurisdicción de la Cdmb.
“Es impresionante escuchar a los niños dar ese mensaje educativo a los adultos. Esta generación nos está educando porque conocen mucho más temas ambientales que las generaciones pasadas”, explica Heidi Tavera Amado, jefe de la oficina de gestión social y ambiental de la Cdmb.
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El segundo lugar lo ocupó el Instituto de Promoción Social de Piedecuesta, con un proyecto escolar centrado en la reducción de residuos plásticos. Su iniciativa responde a la problemática generada por la disposición inadecuada de botellas plásticas que contaminan las fuentes hídricas. Con el liderazgo de los docentes Edgar Santamaría y Mariela Arciniegas, el IPS integra innovación tecnológica, investigación escolar y participación comunitaria. Le recomendamos leer: La Ruta del Bocadillo: un viaje al corazón dulce de Santander
El tercer lugar fue para el Colegio Portugal de Lebrija con el PRAE “Cultura ambiental: alternativa amigable con el medio ambiente en el manejo de residuos plásticos”. Bajo el liderazgo de un equipo de siete docentes, la institución se centra en cuatro ejes: sensibilización sobre fauna silvestre, investigación en bioplásticos, jardinería y huerta escolar, y reciclaje con transformación del plástico en productos útiles.

Al evento se sumaron la Corporación Autónoma Regional de Santander, CAS, la Asociacion Colombiana de Botánica, el Instituto Humboldt, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y Parques Nacionales Naturales de Colombia. Además de ponentes de Argentina, Brasil, México, Ecuador y Alemania. “Fue un éxito ver cómo ellos se sorprendían de las investigaciones que se están haciendo en Santander”, señaló Tavera.











