Turismo
Lunes 11 de agosto de 2025 - 10:07 AM

Conozca cuatro joyas turísticas con aval verde en Santander

En Santander, cuatro negocios con aval de confianza de la Cdmb apuestan por el turismo sostenible y comparten su forma de cuidar y mostrar el territorio.

Suministrada/Vanguardia
Suministrada/Vanguardia

Compartir

En los pulmones verdes de Santander, hay iniciativas lideradas por quienes conocen el territorio, han aprendido a cuidar de él y hoy quieren mostrarlo a propios y visitantes. La Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Cdmb, ha entregado el aval de negocio verde a las iniciativas que le apuestan al turismo sostenible, que trabaja incansablemente por la conservación de las riquezas naturales.

Karen Camacho, administradora turística y hotelera, recorre veredas y municipios para encontrarse con esos proyectos. Como miembro del equipo de trabajo de la Cdmb, conoce las historias de los emprendedores que procuran por incorporar prácticas responsables.

“Nosotros, como autoridad ambiental, asesoramos a nuestros empresarios en todo lo relacionado con el turismo de sostenibilidad. La idea es que tengan un impacto ambiental positivo y que eduquen a los visitantes y turistas sobre los ecosistemas que manejamos. Con este programa buscamos articularnos con otras entidades, tanto públicas como privadas, para que también se visibilicen y, al mismo tiempo, generar mayor conciencia ambiental en quienes visitan estos lugares tan atractivos y valiosos en los que trabajamos”, cuenta.

En su jurisdicción, que cubre 13 municipios: Bucaramanga Floridablanca, Girón, Piedecuesta, Vetas, California, Suratá, Matanza, Charta, Tona, El Playón, Rionegro y Lebrija, destacan cuatro negocios con aval de confianza. Todos mostraron sus iniciativas en Expoturismo, la feria y vitrina turística que se desarrolló en Neomundo del 7 al 9 de agosto.

“Para otorgar ese aval de confianza revisamos aspectos ambientales, sociales y económicos, aunque nos basamos principalmente en el criterio ambiental”, puntualiza. Lea también: Expoturismo: Santander abre sus puertas a la integración turística

El proceso inicia con una visita de campo. El segundo paso es la formalidad. “Pedimos que tengan su Registro Nacional de Turismo, Cámara de Comercio y que cumplan con la normatividad vigente”, comenta.

Luego llega la evaluación oficial, basada en una matriz del Ministerio de Ambiente. “Son cien puntos en total. Si logran más de 51, reciben el aval de confianza. Si superan los 71, además obtienen el sello Marca País, que les da un reconocimiento nacional y visibilidad internacional”, resalta.

Suministrada/Vanguardia
Suministrada/Vanguardia

Casa del Sol en Lebrija

En plena pandemia, Jaime González León decidió apostar por el turismo de naturaleza. La finca familiar, ubicada a solo cinco minutos del Aeropuerto Internacional Palonegro, se convirtió en el escenario para un glamping pensado para desconectarse de las pantallas y reconectar con el aire fresco. En este rincón de Santander no hay televisión, Wi-Fi ni música. Jaime González decide apostarle cada día al silencio, senderos y mucho ‘verde’.

Publicidad

“El valor agregado es la naturaleza, que la gente pueda salir a tomar aire fresco y caminar”, dice mientras recuerda los primeros visitantes que llegaban atraídos por la cercanía a Bucaramanga y la tranquilidad del lugar.

El proyecto está ubicado en un punto estratégico para quienes buscan experiencias tranquilas sin alejarse demasiado de Bucaramanga.

Desde el primer momento, Casa del Sol Glamping ha incorporado prácticas como el manejo responsable de residuos y la sensibilización a los visitantes para cuidar el entorno. Con el acompañamiento de la Cdmb, lograron ajustar los últimos detalles y obtener el aval de negocio verde. “El compromiso es nuestro, hay que mantener aseado el lugar. Esta tierra es una, es nuestra casa y tenemos que cuidarla”, afirma. Además: Bucaramanga será sede de congreso internacional de medicina

Para este emprendedor santandereano la riqueza de Santander está en la abundancia de zonas verdes y árboles. “Usted sale al campo y siente que respira aire fresco”, agrega.

Suministrada/Vanguardia
Suministrada/Vanguardia

Tesoro del Romeral en Vetas

A más de 3.300 metros sobre el nivel del mar, en Vetas, la neblina envuelve las calles y los páramos que lo rodean. Allí nació y vive Judith Rodríguez. Hace 15 años, cuando el Páramo de Santurbán comenzó a resonar, a la finca de su familia empezaron a llegar un sinfín de visitantes sin control. Llegaban curiosos por conocer las lagunas, pero sin intención de practicar un turismo responsable. Judith decidió organizar el ingreso y contratar guías.

Hace cinco años, Judith creó una agencia de viajes operadora, que luego de tres años de trabajo responsable obtuvo el aval de Negocio Verde.

“Pasé la solicitud a la ventanilla (de negocios verdes), envié un correo a la Cdmb. Ellos nos visitaron y aplicaron una ficha técnica (...) En la primera ficha obtuvimos 51 % y ahorita estamos sobre el 70 %, la idea es obtener un mayor puntaje para obtener la marca nacional”, explica Rodríguez.

Publicidad

Ella ofrece a los turistas un plan completo para que tengan acompañamiento durante toda la visita. Lidera una ruta que parte hacia la finca El Romeral. Durante el recorrido es posible visitar dos lagunas: Pajarito y Las Calles, “les explicamos todo sobre el funcionamiento y cuidado del páramo y al finalizar tenemos una actividad de conexión”, agrega.

Durante el recorrido de dos horas y media (1.7 km), los guías hablan de flora, fauna y cultura minera. “Es importante darle a conocer todo al visitante. Y al final eso también es sostenibilidad, porque la sostenibilidad también es mostrar nuestra cultura”.

Tras el estudio de capacidad de carga se definió que los recorridos se hacen con grupos de máximo quince personas, separados por intervalos de 30 minutos, “para no dañar el ecosistema, pero nunca llegamos al máximo”.

Para Judith el turismo comunitario ha sido un puerta de entrada para que los turistas conozcan la riqueza del departamento, y para rescatar los saberes ancestrales.

Publicidad

“Con el turismo, sobre todo comunitario, se apoyan pequeños emprendimientos, como quienes procesan vinos o transforman frutos forestales en productos como el bichachá (agraz). También se benefician artesanos y artesanas, oficios que en Vetas estaban en riesgo de perderse y que ahora, gracias al turismo, se visibilizan y recuperan, permitiendo mostrar y preservar su arte hecho a mano”, sentencia. Le puede interesar: Santander sabe a café: un especial sobre esta tradición

Suministrada/Vanguardia
Suministrada/Vanguardia

Mirador San Antonio en Charta

En Charta, la carretera se abre entre montañas cubiertas de niebla. A cinco minutos del municipio, un mirador ofrece una vista de 180 grados. Se trata de la ecofinca Mirador San Antonio, proyecto de Leidy Tatiana Villabona, licenciada en pedagogía infantil que encontró en el turismo su verdadera vocación.

Durante la pandemia, renunció a su trabajo y decidió dedicar su tiempo a rescatar la memoria cultural de su municipio. Su proyecto honra y rescata tres rutas: la de la mora, donde se visitan cultivos y se aprende a transformar el fruto en mermeladas, vino o bocadillos; la de las flores, un paseo por jardines del mirador; y la de La Encantada, que lleva a una cascada.

“El mirador se enfoca en turismo comunitario, es lo que estamos buscando, que todos nos vinculemos para que podamos crecer”, asegura

Publicidad

Para embellecer su mirador, Tatiana reutiliza objetos olvidados: maletas, teléfonos, accesorios. Cada pieza tiene una historia que ella, con convicción, asegura que debe volver a ser contada.

“Lo que hemos buscado es rescatar y mantener la cultura y la gastronomía del municipio, recuperando tradiciones que se dejaron de hacer para que la gente recuerde lo que hemos sido”, afirma.

Su apuesta por la sostenibilidad incluye manejo de residuos, generación de empleo y educación ambiental. Hoy el lugar cuenta con hospedaje en glamping y la casa de su abuela que ha sido adaptada para recibir a los turistas. Además de un restaurante donde se sirven recetas tradicionales, como el arroz de cachirra de su abuela.

“Siempre me ha apasionado el tema de sostenibilidad, del mínimo daño al medio ambiente, porque es lo que nos sostiene y nos da vida”, narra Tatiana al compartir que obtuvo el aval de negocios verdes y la Marca País. Le recomendamos: Mujeres con alma y sombrero: la aldea turística que rescata los saberes de Santander

Suministrada/Vanguardia
Suministrada/Vanguardia

Granja Hotel Villa Cristina en Piedecuesta

A 20 minutos de Piedecuesta, por la vía que conduce a la Mesa de los Santos, las curvas dan la bienvenida a la Granja Hotel Villa Cristina. Fundada por Jairo Corzo hace dos décadas, nació del amor familiar por el campo y la biodiversidad.

Los visitantes encuentran allí un hotel rodeado de senderos, criadero de caballos de paso fino, maravillas de la naturaleza y un café orgánico cultivado y procesado en la finca. Los alimentos se preparan en horno de leña, como antes, conservando los aromas.

El proceso para ser Negocio Verde comenzó hace cuatro años, aunque la filosofía ya estaba presente: clasificación de desechos, uso responsable del agua y producción sin pesticidas.

“Los turistas llegan y el plan es Gran Hotel Villa Cristina, un lugar magnífico, maravilloso, espectacular. Somos turismo de naturaleza, todo es orgánico y además estamos en la parte eucarística, fomentando también la parte espiritual”, expresa Mireya Laporte, administradora de Granja Hotel Villa Cristina.

Entre los planes está recibir a familias para pasadías o estancias más largas, ofrecer actividades espirituales y seguir siendo un refugio para quienes buscan descansar cerca de los animales y la naturaleza.

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad