viernes 07 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Y los escoceses quieren su propio “Brexit”

El precio de asegurar el “Brexit” podría tener un alto costo: ser una constante fuente de tensión por mantener “unido” al Reino Unido como una sola nación. Escocia, contraria al “Brexit”, es prueba de ello.
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El efecto “Brexit” se ha sentido, con ímpetu, en Escocia. El ‘grito’ de independencia se viene escuchando con mayor fuerza, tras la salida del Reino Unido de la Unión Europea, UE, el pasado 31 de enero.

Y aunque en 2014, los escoceses prefirieron quedarse en el Reino Unido con un referendo, ahora, se plantean seriamente la idea de salirse en la era post “Brexit”, porque en contra de su voluntad tuvieron que seguir los pasos de Londres, y abandonar la UE.

No están contentos con el “Brexit”. Quieren buscar su propio camino, reclamando el derecho de ser un país soberano, el derecho a la autodeterminación, el derecho a decidir su futuro.

La última encuesta, publicada luego del retiro del Reino Unido de la Unión Europea, refleja que un histórico 52% de los escoceses votaría a favor de la independencia en una nueva consulta secesionista.

El 2020 será un año que probablemente será crucial para el movimiento independentista escocés, y en el que los activistas intensificarán la presión.

La “cuestión escocesa” se ha convertido ya en una ‘papa caliente’ para el gobierno de Boris Johnson, quien ha insistido en que no dará vía libre a un segundo referendo en ese país.

En términos legales, el Gobierno escocés no puede convocar de manera unilateral un referendo; solo el Gobierno Central de Londres tiene poder para hacerlo o para autorizarlo.

La ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, le ha reclamado a Johnson las competencias para poder llevar a cabo la consulta.

“Cuanto más intente Boris Johnson negar a la gente de Escocia el derecho a determinar nuestro futuro, mayor será el apoyo a la independencia”. Así le ha ‘plantado cara’ Sturgeon al primer ministro británico.

Costo político

Johnson se niega porque se vería como un “costo político perder Escocia por haber salido de la UE”, y no se sabe si su partido (Conservador) o los votantes aceptarían dicho costo, asegura Miguel Martínez, docente de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

“Lo que hay que ver es si aguantará la presión que se le va a hacer por parte de Escocia”, manifiesta el experto, quien cree que la situación es compleja y, “va a tener que ceder, más tarde o más temprano”.

En el caso de Cataluña en España, Martínez aclara que no ha habido referéndum legal, pero advierte que en Escocia sí se puede crear una situación de continuo conflicto.

“Supongo que todo dependerá de cómo negocie Reino Unido la salida definitiva y de si la economía en este periodo de 11 meses hasta que salgan definitivamente no se resiente mucho”, anota.

Y hay más: estima que a Escocia le afecta el “Brexit”, ya que quedará como un país tercero y dependerá de lo que negocie Reino Unido con la UE.

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Direcciones opuestas

En este contexto, no hay que perder de vista que Escocia fue el territorio con mayor respaldo a permanecer en la UE, con un 62% de los escoceses votando en contra del “Brexit” en junio de 2016, recuerda Isaac Bigio, profesor universitario, economista e historiador.

Sin embargo, precisa que como el 85% de los habitantes reside en Inglaterra, fue finalmente Inglaterra la que obligó al “Brexit”.

Al respecto, Bigio explica que la isla de Gran Bretaña está dividida en tres territorios: Escocia, Inglaterra y Gales.

Esta división, según él, no ha generado tres estados diferentes sino tres países dentro del mismo estado dentro del Reino Unido (que lo integran Gran Bretaña e Irlanda del Norte).

En efecto, es consciente que uno de los problemas más serios en Reino Unido es la posible separación de Escocia, su segundo país más grande.

Asimismo valora varios aspectos en las ya de por sí conflictivas relaciones entre Edimburgo y Londres.

Describe en primer lugar, que en Escocia la universidad y las prescripciones médicas son gratuitas a diferencia del Reino Unido. Además destaca que en Escocia el sistema de beneficios sociales más generoso, tiene su propio Parlamento, su propio gobierno, su propia política fiscal y emite su propia libra esterlina -aunque con la misma paridad cambiaria-.

“Entonces, Escocia marcha en una dirección contrapuesta a Inglaterra”, remarca Bigio.

Lo interpreta así: mientras Londres tiene una agenda neoliberal, cercana a Donald Trump, Escocia tiene una agenda más de tipo social demócrata y más proclive a Europa.

En otras palabras, Reino Unido quiere recuperar su independencia y sus Tratados de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y China y Escocia, por otro lado, quiere mantener los vínculos con Europa, recalca el historiador peruano.

Todo esto sin mencionar, que también hay diferencias en el modelo social, donde Escocia “protege el mercado interno y los beneficios sociales y se orienta más hacia las políticas de medio ambiente y derechos laborales que defiende Europa”, precisa Bigio.

El aspecto político también es algo a considerar aquí.

En las últimas elecciones generales de diciembre pasado, el Partido Nacional Escocés (SNP) que lidera Sturgeon sacó más votos la suma de los tres grandes partidos británicos (tories-conservadores, laboristas y liberales demócratas), precisa Bigio.

El SNP obtuvo 48 (80%) de las 59 bancas que Escocia tiene en el Parlamento británico, constituyéndose en la tercera fuerza política en el Reino Unido.

Entre tanto, el historiador Daniel Raisbeck tiene otra percepción sobre este anhelo independentista de Escocia.

A su juicio, los nacionalistas escoceses han intentado usar el “Brexit” como excusa para repetir el referendo de independencia que perdieron por un amplio margen en el 2014.

“En esa ocasión ellos mismos insistieron en que el resultado definiría el asunto durante una generación”, afirma Raisbeck, quien insiste en que “el Gobierno británico de Boris Johnson correctamente ha asumido la posición de que el referendo del 2014 se debe respetar”.

Igualmente interpreta la posición del SNP como “una táctica para distraer la atención del público en cuanto a sus fracasos económicos, de gasto público y de educación, cuya calidad en Escocia es notablemente inferior a la de Inglaterra”.

Adicionalmente, subraya que los nacionalistas escoceses del SNP no ha respondido las preguntas que le hicieron perder el referendo del 2014, “en particular, qué moneda usaría una Escocia independiente y qué haría para ingresar a la Unión Europea”.

En cuanto a la postura de la ministra Sturgeon, que ha vuelto a la carga con el referendo independentista, Raisbeck opina que está decidida a insistir en el tema “porque es una jugada política para distraer de los fracasos de su gobierno”.

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Además, cita que Escocia recientemente cayó 5 puestos en un escalafón de la OCDE que, además de educación, mide ingresos, expectativa de vida e “inclusividad”.

“El declive es claro durante las dos décadas de devolución. Pero la táctica del SNP es martillar el asunto de la independencia para que los votantes no se concentren en sus fracasos en el gobierno”, argumenta el historiador.

En su criterio, para que prospere este tipo de movimientos independentistas, todo dependerá de los resultados de las elecciones al parlamento escocés que se celebrarán en mayo de 2021.

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