El AMB, la institución por excelencia para afrontar buena parte de estos retos, ha perdido liderazgo. Se caracteriza por la alta rotación en la dirección general.
Las dinámicas sociales, económicas y ambientales son cada vez más metropolitanas. La seguridad, la contaminación, el acueducto, el alcantarillado, el aseo, el alumbrado, el tránsito, la salud, la educación, la gestión del riesgo de desastres, el catastro, la movilidad, el transporte, la infraestructura, la ciencia, la tecnología y la innovación, el desarrollo empresarial, los escenarios deportivos, la cultura, el turismo, en fin, estas y muchas otras temáticas no pueden abordarse de manera efectiva si no es a partir de una perspectiva metropolitana. Es ilógico no ponerse de acuerdo con el vecino ante tal nivel de conurbación, como sucede en el Área Metropolitana de Bucaramanga (AMB).
Incluso hay quienes señalan que el AMB debe incluir a más municipios, como lo son Rionegro y Lebrija. Acá hay más ciudad que municipios. Sin embargo, mientras las demandas de los ciudadanos metropolitanos son cada vez más fuertes, la institucionalidad es más débil. Es como si un chorro de agua fuera más grande y, al mismo tiempo, el envase más pequeño. De ahí que no sorprende el fracaso de Metrolínea, la dispersión de empresas de servicios públicos, un desarrollo desordenado del territorio, la crisis del Carrasco o la congestión vehicular.
El AMB, la institución por excelencia para afrontar buena parte de estos retos, ha perdido liderazgo. Se caracteriza por la alta rotación en la dirección general. La gobernación ya no hace parte de la junta metropolitana. Ya no es autoridad ambiental, y por lo tanto, dejó de manejar más de 30.000 millones de pesos anuales. En cuanto a su función catastral, Floridablanca montó rancho aparte y se certificó como autoridad catastral. La financiación es inequitativa. Bucaramanga representa el 47% de los habitantes y aporta 62% de los recursos (4.000M). Floridablanca aporta el 31% (2.000M) con el 26% de los habitantes. Piedecuesta contribuye con 6% de la financiación (400M), pese a tener 14% de la población. Finalmente, Girón pone solo 20M, lo que no representa ni el 1% frente al total, y contiene el 13% de la población. Aun así, estos aportes no cubren los gastos de funcionamiento.
Ante este panorama, recientemente se aprobó en la comisión primera de la Cámara de Representantes la propuesta de ley que convierte a los cuatro municipios en un solo distrito, y las voces que promueven una mayor integración ganan más fuerza. Estudios como el Informe de Calidad de Vida 2024, publicado recientemente por el programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, se posicionan como un documento obligado de análisis. Tal como señala el alcalde de Bucaramanga, la coordinación metropolitana no se puede quedar en el pico y placa. ¿Las administraciones municipales lograrán mirarse más allá del ombligo, optimizar los pocos recursos existentes y atender las demandas de la ciudadanía metropolitana?












