Publicidad

Columnistas
Lunes 18 de noviembre de 2024 - 06:48 AM

Tormenta urbana

La infraestructura tradicional falla en adaptarse a la geología del suelo y a las dinámicas naturales de recarga, dejando a zonas urbanas expuestas a problemas de saturación y escorrentía excesiva.

Compartir

Las lluvias recientes en Colombia han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las infraestructuras urbanas y viales, exponiendo una falta de planificación que ignora principios hidrológicos esenciales. En Bogotá, la Autopista Norte, que atraviesa un humedal, ejemplifica cómo las vías de transporte han sido trazadas sin considerar los ecosistemas de regulación hídrica, teniendo efectos devastadores. En Santander, carreteras nacionales han colapsado por derrumbes y deslizamientos; estos no son únicamente producto de fenómenos naturales, sino también de una ingeniería que omite la geografía y los patrones hídricos propios del territorio.

En muchas ciudades, los sistemas de alcantarillado resultan insuficientes para gestionar los volúmenes de agua pluvial actuales, lo que genera inundaciones periódicas y evidencia la ausencia de diagnósticos hidrológicos integrales en la infraestructura de drenaje. La infraestructura tradicional falla en adaptarse a la geología del suelo y a las dinámicas naturales de recarga, dejando a zonas urbanas expuestas a problemas de saturación y escorrentía excesiva.

Así, el ciclo anual de lluvias golpea con especial intensidad a los centros urbanos, al ignorarse las propiedades de absorción y permeabilidad que deberían ser prioritarias en el diseño. La persistencia de derrumbes en vías nacionales, que por su ubicación debieran ser menos vulnerables a la saturación del suelo, es un reflejo adicional de cómo el diseño vial desestima el equilibrio ecológico, un factor clave para mitigar riesgos como la erosión y los deslizamientos.

El urbanismo en Colombia sigue una lógica expansiva que concibe el territorio como un área homogénea, suprimiendo la diversidad hidrológica mediante estructuras impermeables. Esta visión, además de desconocer la memoria hídrica y geológica del terreno, crea un conflicto constante entre el crecimiento urbano y los ciclos pluviales. La infraestructura construida bajo esta perspectiva obsoleta refuerza una resistencia artificial que, ante el crecimiento poblacional y la variabilidad climática, se convierte en un modelo frágil y, en numerosos casos, catastrófico.

Pensar Ciudad es abandonar el urbanismo de acumulación y concebir la metrópoli como un sistema integrado a los sistemas naturales. Respetando las dinámicas hidrológicas en la planificación, se construyen ciudades capaces de enfrentar los desafíos ambientales como un principio estructural, no una excepción.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whatsapp acá.
Comentarios

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día