Cuando profesionales de la salud prescriben la suplementación de complejo B usualmente es en individuos con deficiencias documentadas, malabsorción o necesidades incrementadas debido a estrés, entre otras.
En el amplio mundo de las vitaminas, el complejo B es un grupo de ocho hidrosolubles -tiamina (B1), riboflavina (B2), niacina (B3), ácido pantoténico (B5), piridoxina (B6), biotina (B7), ácido fólico (B9) y cobalamina (B12)- que desempeñan funciones importantes en el metabolismo celular y la salud general del organismo, trabajando para mantener la energía, la función neurológica y la síntesis de ADN en óptimas condiciones.
Un papel fundamental es el que ocurre en el metabolismo energético al actuar como coenzimas que convierten los macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas) en energía utilizable; por ejemplo, la tiamina es crucial en el ciclo de Krebs, mientras que la niacina y la riboflavina son componentes esenciales de las coenzimas NAD y FAD respectivamente -involucradas en la cadena de transporte de electrones-, además la piridoxina facilita el metabolismo de aminoácidos y, el ácido pantoténico es indispensable para la síntesis de coenzima A -molécula clave en múltiples rutas metabólicas-.
Adicionalmente, el sistema nervioso depende en gran medida del complejo B para su funcionamiento adecuado; la vitamina B12 y el ácido fólico son esenciales para la síntesis de mielina -capa protectora que recubre las fibras nerviosas- y para la formación de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina; de allí que la deficiencia de estas vitaminas puede dar lugar a neuropatías periféricas, alteraciones en la memoria y síntomas de depresión.
Ahora bien, para obtenerla debe consumirse alimentos como: cereales integrales, carnes magras, huevos, productos lácteos, legumbres, frutos secos y vegetales de hojas verdes; del cual subrayo, la vitamina B12 está presente exclusivamente en alimentos de origen animal, como carnes, pescados y lácteos.
De manera que, cuando se tiene deficiencia pueden aparecer varios síntomas entre los cuales se encuentra: la fatiga, debilidad muscular, irritabilidad, problemas de memoria y trastornos del estado de ánimo; y, ante la falta de tiamina lo que denominan beriberi o el síndrome de Wernicke-Korsakoff y, en el déficit de vitamina B12 la anemia megaloblástica y daños neurológicos irreversibles si no se trata a tiempo.
Por otro lado, cuando profesionales de la salud prescriben la suplementación de complejo B ello sucede usualmente en individuos con deficiencias documentadas, malabsorción o necesidades incrementadas debido a estrés, embarazo o enfermedades crónicas; también se ha explorado su uso en el manejo de condiciones como la fatiga crónica, la neuropatía diabética y los trastornos psiquiátricos.
En virtud de ello, es claro que la investigación acerca de éste continúa expandiéndose, explorando sus roles potenciales en la prevención de enfermedades cardiovasculares, el soporte cognitivo en el envejecimiento y su impacto en enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2; destacando recientemente las necesidades individuales de estas vitaminas de acuerdo la nutrición, los factores genéticos y metabólicos que cada persona tiene.










