El mecanismo utilizado es el sistema de pesos y contrapesos, mediante el cual cada uno tiene autoridad para limitar las acciones del otro.
El poder público dimana del pueblo y se exterioriza a través de sus ramas legislativa, ejecutiva y judicial; ellas, junto a los demás órganos autónomos e independientes que constituyen la parte orgánica, cumplen funciones separadas, pero deben actuar armónicamente para la realización de los fines esenciales del Estado. Esa estructura así concebida implica la existencia del principio de “separación de poderes”, que busca establecer un equilibrio entre los mismos para prevenir la concentración excesiva en uno de ellos que lo lleve a abusar del mismo e incurrir en tiranía. El mecanismo utilizado es el sistema de pesos y contrapesos, mediante el cual cada uno tiene autoridad para limitar las acciones del otro.
En Colombia, ese sistema enfrenta graves desafíos por la excesiva concentración del poder en el ejecutivo, dado que el presidente ejerce las funciones de Jefe de Estado (dirige las relaciones internacionales); Jefe de Gobierno (dirige, coordina y planifica las acciones del gobierno, entre ellas el recaudo y ejecución del presupuesto) y Suprema Autoridad Administrativa (máximo proveedor de empleo), que contrasta con un poder Legislativo débil, sometido a la prebenda del ejecutivo en compensación por el apoyo a sus proyectos legislativos, actitud reprochable cuando ellos van en contra de las demandas sociales.
Y aunque el Congreso realizó la tarea, su balance es agridulce. De setecientos proyectos radicados, solo 7 se convirtieron en ley, tres de ellos de origen gubernamental, y más de cuatrocientos se encuentran pendientes por surtir el primer debate, lo que indica la presión del ejecutivo en su trámite y el descuido en los propios. Se realizaron ocho mociones de censura con resultados fallidos y muchas sesiones de control político que no reflejaron un cambio en la percepción social frente a la crisis económica, en inseguridad, el deterioro en la salud y la falta de empleo que padece el país.
Ahora bien, mientras que el Senado fue coherente aprobando o improbando proyectos que beneficiaban o afectaban a la comunidad, la Cámara de Representantes resultó obediente al ejecutivo, algunos con actuación desleal frente a sus partidos. Y como ejemplo de su talante, al final hunden la reforma política que traía algunos cambios para corregir la corrupción en el ejercicio de la política, y en cambio aprobaron el transfuguismo, lo que indica que solo les importa su reelección y no el interés ciudadano.
Afortunadamente, el sistema de pesos y contrapesos solo fue ejercido por las altas cortes, que con independencia sacaron del ordenamiento jurídico normas mal tramitadas y actos administrativos ilegales, frente a lo cual recibieron ataques constantes del ejecutivo, lo que no impidió que el país aplaudiera su labor. Gracias por su rectitud y coherencia con la Constitución. Ahora es el turno de la Corte Suprema de Justicia.












