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Martes 28 de enero de 2025 - 04:00 AM

Al perro no lo capan dos veces

Los escenarios deportivos en Colombia están a cargo del Estado, no de los equipos, que dicho sea de paso son empresas privadas, así que cada peso cuenta cada vez que somos sede de alguna competencia que trasciende nuestras fronteras porque, producto del subdesarrollo, nunca estamos a la vanguardia.

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No creo probable que exista, en los treinta mil kilómetros cuadrados que hacen parte del territorio santandereano, una sola persona que no quiera ver al equipo de fútbol de la región, el Atlético Bucaramanga, jugar como local la Copa Libertadores de América en el rebautizado Estadio Departamental Américo Montanini. Es un privilegio que obtienen todos los clubes que llegan al importante torneo continental, luego de alcanzar posiciones destacadas en los torneos domésticos, y para ello, la ‘casa’ tiene que estar ‘bien puesta’.

Así lo establece la Confederación Suramericana de Fútbol (Conmebol), a través de exigencias que le impone a los equipos participantes, para que cumplan con especificaciones que aseguren un espectáculo de talla internacional en el cual la televisión se lleva la mayor tajada. Al fin y al cabo es un ‘show’ en el que cada encuadre debe lucir perfecto, por eso los accesos, el aforo, los camerinos, la sala de prensa, el gramado, el drenaje, los bancos de los equipos, y sigue un largo etcétera, deben ajustarse a sus recomendaciones y eso se hace con plata.

Los escenarios deportivos en Colombia están a cargo del Estado, no de los equipos, que dicho sea de paso son empresas privadas, así que cada peso cuenta cada vez que somos sede de alguna competencia que trasciende nuestras fronteras porque, producto del subdesarrollo, nunca estamos a la vanguardia. El Américo Montanini es prueba de ello, tanto, que ha dado para cambiar su césped natural a sintético, en las épocas del condenado coronel Hugo Aguilar, de sintético a natural, en la administración de Didier Tavera, hasta para pagar coimas por más de dos mil millones de pesos en las obras de reforzamiento del estadio, bajo la administración del investigado Richard Aguilar, hijo del expolicía y hermano de Mauricio, también gobernador, quien fue llamado recientemente a juicio por la Fiscalía General de la Nación por presunta corrupción. Datos de contexto, nada más.

No le faltan razones, entonces, al ingeniero Jesús Rodrigo Fernández, en haber llamado la atención por el proceso de contratación adelantado por la actual administración departamental, para remodelar el Montanini, por medio de una figura que el veedor alerta, reconocida como ‘contrataderos’, entidades que a través de convenios reciben recursos públicos, para la ejecución de obras, bienes y servicios, sin pasar por licitación pública.

Los santandereanos, gobernador Díaz Mateus, vemos con desconfianza esta clase de ‘piruetas’, que si bien no son ilegales, siembran dudas ante la millonaria inversión, cercana a los diez mil millones de pesos. No creo que el ingeniero Rodrigo quiera pasar a la historia como el único que se opone a ver rugir al ‘leopardo’ en su estadio, más bien es que al perro no lo capan dos veces.

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