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Lunes 24 de marzo de 2025 - 12:05 AM

Fractalidad Urbana

Los Planes de Ordenamiento Territorial siguen existiendo en Colombia como pilares de un urbanismo basado en el control y la predicción absolutos. Parte de la idea de que un documento pueda predecir con precisión la ciudad futura, como si la urbanización fuera un problema de ingeniería en lugar de una manifestación social.

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La ciudad no es un producto terminado, es un fractal del caos en desarrollo que evade cualquier intento de rigidez regulatoria. Quienes intentan simplificar su complejidad siguiendo un conjunto de reglas estáticas no reconocen que el fenómeno urbano es un campo de fuerzas en constante tensión, más que una estructura fija. El crecimiento que se presume regular, como si se tratara de un modelo cerrado, es fundamentalmente un error conceptual.

Los Planes de Ordenamiento Territorial siguen existiendo en Colombia como pilares de un urbanismo basado en el control y la predicción absolutos. Parte de la idea de que un documento pueda predecir con precisión la ciudad futura, como si la urbanización fuera un problema de ingeniería en lugar de una manifestación social. Sin embargo, la realidad es dura: el POT envejece rápidamente, sus limitaciones generan constantes absurdas y su desconexión con la dinámica real de las ciudades que transforma, más que herramientas útiles, crea barreras al desarrollo.

Muchas ciudades de todo el mundo se han dado cuenta de la necesidad de enfoques más dinámicos. Por ejemplo, en Europa, los “Master Plans” han evolucionado hacia marcos estratégicos abiertos y ajustables basados en las condiciones ambientales cambiantes. Los “form-based codes” han reemplazado las regulaciones tradicionales en Estados Unidos, permitiendo que la planificación se centre más en la relación entre los espacios y sus ocupantes que en requisitos normativos arbitrarios. Por otro lado, Singapur utiliza un modelo de planificación casuístico que se revisa continuamente porque entiende que una ciudad nunca es verdaderamente una obra terminada

En ese orden de ideas, la crítica al POT no es una invitación al desorden, es poder abrir la puerta de la adaptación inteligente. La planificación urbana debe entenderse como una gramática en constante evolución, donde las reglas existen pero no son inmutables, donde surge la sensación de un diálogo continuo entre la estructura y la transformación. Un sistema de referencias que permite a la ciudad desarrollar su propio lenguaje de crecimiento sin imponer una sintaxis anacrónica es el deber ser del comportamiento normativo, en lugar de una colección de imposiciones estrictas. Lo reglado no cambia su estatus; más bien, establece las condiciones para que la urbe se construya sobre la base de su propia complejidad y movilidad.

Pensar Ciudad es comprender que el cambio no es una amenaza, sino el corazón mismo de lo urbano. La ciudad es un espacio de indeterminación, una tensión constante entre el orden y la contingencia. El urbanismo debe abandonar la pretensión de totalización y asumir su verdadera vocación: ser un arte de la incertidumbre, una arquitectura de la posibilidad antes que una cartografía de lo inmutable.

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