ción. Ha tenido también dificultades con sus políticas: una, la burbuja inmobiliaria que ha consumido el ahorro de muchas familias chinas, otra, la dependencia de las exportaciones, lo cual requiere de una expansión permanente de sus mercados.
Asistimos al duelo entre dos grandes: el poder hegemónico de los Estados Unidos post capitalista, mostrándole los dientes al poder emergente de la República Popular China. El primero implementó los subsidios a los cultivos para exportación, incentivó las prácticas más inhumanas del sector financiero, motivó guerras en todos los continentes para beneficio de su hegemonía y de su industria militar, y trasladó sus empresas manufactureras a una China pobre para aprovechar una mano de obra barata. Por su parte, China ejerció la diplomacia de hablar poco y firmar lo conveniente, desarrolló políticas de educación, ciencia y tecnología que le permitieron ser competitivo en inteligencia artificial y robótica, construyó una industria militar sólida y se convirtió en uno de los principales proveedores de bienes en el mundo, eludió intervenir en los asuntos de otros países al tiempo que mejoró ostensiblemente el bienestar de su población. Ha tenido también dificultades con sus políticas: una, la burbuja inmobiliaria que ha consumido el ahorro de muchas familias chinas, otra, la dependencia de las exportaciones, lo cual requiere de una expansión permanente de sus mercados.
Trump amenaza con aranceles que los chinos responden con reciprocidad. Ambos saben que ambos pierden. No tienen otra salida que llegar a un acuerdo comercial que, dado los intereses contradictorios de las dos potencias, no será duradero. En el mediano plazo ganará el que tenga mayor cohesión social, pues la fortaleza y la debilidad está al interior de sus respectivas sociedades.
Colombia ha tenido una larga tradición de obsecuencia conveniente hacia los Estados Unidos y ha sido excesivamente prudente en acercarse al pacífico, sin duda, por presiones de los americanos. No obstante, desde el inicio de las relaciones con la república popular China durante el gobierno Turbay, todos los gobiernos sucesivos han mantenido el principio de una sola China y han dado pasos para adherir a la “Iniciativa de la franja y la ruta” que hoy parece convertida en un hecho. Hay que entender que el crecimiento chino no es solo económico, sino que se tradujo al acceso de todos sus ciudadanos a los bienes públicos principales para el desarrollo social y cultural. El contexto actual exige relaciones equilibradas con las potencias. Mantener la misma estrategia favorece a unos pocos y perpetúa los resultados actuales. Es necesario dejar de lado lo ideológico y centrarse en el interés público, impulsando la salud, la educación, la agroindustria, la manufactura sostenible y el turismo. Es momento de cambiar el rumbo, como se ha hecho en la cumbre CELAC-CHINA y se busca con CELAC-USA. ¡Ad Astra! dijo el timonel.












