Las cosas buenas
Miércoles 29 de julio de 2026 - 10:08 PM

Don Setas: cuando el amor echa raíces

En la parcela de Edwin Oswaldo y Élida florece una manera distinta de entender el campo como un espacio para innovar, cuidar el ambiente y construir futuro.

En la parcela de Edwin Oswaldo y Élida florece una manera distinta de entender el campo: como un espacio para innovar, cuidar el ambiente y construir futuro.
En la parcela de Edwin Oswaldo y Élida florece una manera distinta de entender el campo: como un espacio para innovar, cuidar el ambiente y construir futuro.

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A Edwin Oswaldo Ávila y Élida Araque siempre los unió algo más que la medicina veterinaria. Mientras muchos veían el campo como un lugar para visitar de vez en cuando, ellos lo imaginaron como el sitio donde querían construir sus vidas. No buscaban una finca para escapar de la ciudad los fines de semana; soñaban con un pedazo de tierra donde pudieran sembrar, producir y demostrar que la tierra santandereana ofrece oportunidades para quienes creen en ella.

Ambos nacieron en Bucaramanga y son médicos veterinarios zootecnistas, egresados de la Universidad Cooperativa de Colombia. Durante años recorrieron fincas, compartieron con productores y conocieron de cerca las necesidades del sector rural. Fue precisamente en esos recorridos donde entendieron que no querían limitarse a asesorar proyectos ajenos: querían levantar el suyo.

Así llegaron a la vereda San Antonio, en Aratoca, donde habilitaron su parcela con paciencia, trabajo y la convicción de que la tierra todavía recompensa a quienes la cuidan. Justo allí nació Don Setas, un emprendimiento que convirtió un cultivo poco tradicional en Santander en una apuesta por la sostenibilidad, la alimentación saludable y el desarrollo rural.

Don Setas, en el marco del proyecto rural aprobado por el Fondo Emprender del Sena, también incluye los huevos criollos y las gallinas de campo, que se caracterizan por su alto valor nutricional, una yema de color intenso y una crianza natural sin químicos.
Don Setas, en el marco del proyecto rural aprobado por el Fondo Emprender del Sena, también incluye los huevos criollos y las gallinas de campo, que se caracterizan por su alto valor nutricional, una yema de color intenso y una crianza natural sin químicos.

Su trabajo fue reconocido por el Fondo Emprender del Sena, un respaldo que confirmó que las buenas ideas también pueden germinar lejos de las grandes ciudades, allí donde el paisaje está marcado por montañas, cafetales y caminos de tierra.

En su parcela producen setas orellanas (Pleurotus ostreatus), un hongo comestible cada vez más apreciado por su textura firme, su sabor delicado y su alto valor nutricional. Muchos lo valoran por el aporte de proteínas, fibra, vitaminas y minerales que ofrece.

Pero detrás de cada racimo hay mucho más que un alimento. El proceso comienza con la preparación de un sustrato elaborado a partir de residuos agrícolas como paja y aserrín, mezclados con nutrientes naturales. Después de ser pasteurizado para eliminar microorganismos que puedan afectar el cultivo, el material recibe el micelio, la estructura biológica que dará origen a los hongos.

Tras la recolección, las setas son limpiadas, seleccionadas y preparadas para su comercialización en fresco o para procesos de transformación.

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Las mejores cosechas se cultivan con pasión: la historia de Don Setas en Aratoca.
Las mejores cosechas se cultivan con pasión: la historia de Don Setas en Aratoca.

Lo más valioso de este modelo productivo es que prácticamente nada se desperdicia. El sustrato que ya cumplió su ciclo no termina convertido en basura. Regresa a la tierra como abono orgánico, enriqueciendo los cultivos y cerrando un proceso donde los residuos vuelven a convertirse en vida.

Ese beneficio ya lo han comprobado pequeños caficultores de la zona, quienes utilizan ese abono orgánico en sus cultivos. “Los abonos utilizados por pequeños caficultores de la zona mejoran sus producciones y se elimina el problema de las moscas”, cuenta Edwin Oswaldo Ávila, convencido de que el verdadero valor del proyecto no está solo en producir orellanas, sino en generar un ciclo sostenible que también favorezca a otros agricultores de la región.

Esa filosofía también se refleja en el resto de la parcela. Además de las orellanas, Edwin Oswaldo y Élida producen café y huevos criollos obtenidos bajo prácticas limpias.

En un momento en el que muchos jóvenes abandonan el campo buscando oportunidades en las ciudades, esta pareja decidió recorrer el camino contrario. Apostó por quedarse, por sembrar, por innovar y demostrar que el emprendimiento rural también puede construirse desde el conocimiento profesional y el profundo respeto por la naturaleza.

Las orellanas son hongos comestibles, también conocidos como hongo ostra, que se caracterizan por su alto valor nutricional.
Las orellanas son hongos comestibles, también conocidos como hongo ostra, que se caracterizan por su alto valor nutricional.

Las orellanas representan hoy una alternativa productiva para familias labriegas, gracias a su bajo impacto ambiental y a la posibilidad de aprovechar residuos agroindustriales que antes no tenían un uso. Aunque persisten desafíos relacionados con la comercialización y la apertura de nuevos mercados, proyectos como Don Setas demuestran que la diversificación agrícola sí es posible cuando se combina la ciencia con el amor por la tierra.

Porque, al final, las mejores cosechas no siempre se miden en toneladas. Algunas se cuentan en sueños cumplidos, en parejas que trabajan hombro a hombro y en la certeza de que sembrar con pasión siempre termina dando frutos.

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