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Jueves 29 de mayo de 2025 - 12:15 AM

Importancia de las narices

La forma como percibimos los olores es igual a la de todos los mamíferos: las moléculas se disuelven y se unen a los receptores de las neuronas presentes en el epitelio que recubre nuestras fosas nasales enviando señales al bulbo olfativo en el cerebro.

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Con motivo de la pandemia COVID19, aprendimos que uno de sus síntomas fue la pérdida del olfato. Después nos enteramos de que una de las consecuencias a mediano y largo plazo de quienes sufrieron la enfermedad, fue la afectación cognitiva. Ya sabíamos que la disfunción olfativa se ha relacionado con más de cien enfermedades, tales como la esclerosis múltiple, la esclerosis lateral amiotrófica, las demencias de diverso tipo, el Parkinson, la depresión y otras. Sabemos ahora que la disminución olfativa, es un factor pronóstico de muerte prematura, surgiendo la hipótesis según la cual, el entrenamiento de ese olvidado sentido pudiera mejorar nuestra expectativa de vida.

La forma como percibimos los olores es igual a la de todos los mamíferos: las moléculas se disuelven y se unen a los receptores de las neuronas presentes en el epitelio que recubre nuestras fosas nasales enviando señales al bulbo olfativo en el cerebro. Un estudio reciente demostró que los humanos podemos diferenciar hasta mil millones de olores. Este poder olfativo está amenazado por traumas nasales, enfermedades virales infecciosas y lesiones cerebrales.

El sentido del olfato es privilegiado. Mientras que el tacto, la visión y la audición van al tálamo para ser procesados y distribuidos a las diferentes zonas del cerebro, los olores tienen estación propia con conexión directa a las áreas cerebrales involucradas en el procesamiento y la regulación emocional, toma de decisiones, memoria y aprendizaje. En alguna ocasión, alguien me explicó por qué los almacenes de grandes superficies ubican las perfumerías en las entradas, pues sus aromas inducen al consumo. Desconozco la validez de tal afirmación, pero nadie niega el poder evocador de algunos aromas.

Ante las infecciones, la respuesta natural es la inflamación, pero si ella persiste se vuelve dañina, lo que la sabiduría popular trata mediante inhalaciones de eucalipto, lavanda, jengibre, menta y cítricos, sabiduría hoy comprobada con estudios científicos, que muestran igualmente cómo ciertos olores fétidos, generan inflamación. Pudiera resumir que unas narices sanas garantizan una respuesta inmunológica adecuada, por lo cual parece recomendable entrenar el sentido olfatorio con aromas tales como clavo, rosa, eucalipto y limón durante largo tiempo. No falta quien asegure que la efectividad de cupido está en los aromas que inocula la flecha disparada, y que, además, parece cierto el dicho aquel que la suerte de las feas, las bonitas (con narices refaccionadas) la desean.

PS 1: Información obtenida de David Robson en New Scientist.

PS 2: El buen olfato del elector en las democracias es definitivo. Si hay hedor solo se puede esperar una afectación severa a las necesidades y esperanzas de los ciudadanos

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