Publicidad

Columnistas
Sábado 19 de julio de 2025 - 01:02 AM

Liberte, egalité, fraternité

Compartir

Fue el grito de guerra de la revolución francesa. Vinculada estrecha y acertadamente la igualdad y la solidaridad con la libertad. “Cuando en una sociedad hay demasiada desigualdad, es difícil que las personas de diferentes estratos sociales vean el mundo a través del mismo prisma, por mucho que lo intenten. Es casi inevitable que la sociedad se polarice”. Esta frase contenida en el libro de Joseph Stiglitz “La economía y la buena sociedad” viene como anillo al dedo para analizar el nivel de polarización en el que se ha sumido nuestro país y la gravedad de los insultos que de uno y otro bando se disparan como dardos, utilizando las redes sociales principalmente.

Personalmente siento una profunda frustración al observar el debate. Nada, absolutamente nada, de lo que uno u otro diga tiene valor para el contrario, porque sencillamente unos y otros se sienten revestidos de un manto de superioridad moral que les impide al menos analizar la veracidad o profundidad o la probable sana intención del contrario. Todo lo que haces es malo porque formas parte de un bando, y te gradúan de enemigo en el otro, aunque ni siquiera te hayas matriculado en esa escuela. Así, no vamos a poder avanzar jamás en un rumbo positivo de superación de la desigualdad, no habrá fraternidad y tampoco lograremos ser libres.

Expone Stiglitz que una buena sociedad requiere que la igualdad sea mayor en todas sus dimensiones, especialmente la igualdad de oportunidades. Esto no significa la eliminación de la desigualdad económica, pero si permite el acceso de todos a los servicios básicos y la posibilidad de la movilidad social para quienes entregan un esfuerzo mayor o desarrollan unas capacidades más efectivas. Por eso, debería ser, que quien más se esfuerza y más trabaja, debería avanzar en sus anhelos y progresar. Eso no siempre sucede y produce también una profunda frustración, que muchas veces deriva en un viraje extremo hacia el lado incorrecto.

Manejar la frustración es una de las capacidades más difíciles de asumir en la vida. Es una emoción que surge generando sentimientos de decepción, ira o impotencia. Así como la alegría está regularmente asociada al corazón y la tristeza a los pulmones, la frustración se podría asociar al hígado o al páncreas. El primero, por la ira y el segundo por la preocupación, derivados ambos de la frustración.

En el amor como en el trabajo, las frustraciones pueden llevarnos al desanimo e incluso a la renuncia. Pero también, pueden generar la adrenalina que necesitamos para insistir y persistir. Ese es el reto que debemos asumir como sociedad y mantenernos en el mensaje de la solidaridad y la templanza para evitar tomar los caminos de la desesperanza. ¡Animo!

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día