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Domingo 20 de julio de 2025 - 01:00 AM

Sigamos soñando

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Hace quince días escribí SOÑEMOS, para dirigirme al ciudadano metropolitano y a su familia quienes viven y sufren diariamente el calvario de desarrollar sus actividades en una metrópoli enredada, ignorando las causas de esa vergonzosa realidad. En razón a los comentarios que recibí, a riesgo de parecer iluso, hoy vuelvo sobre el mismo tema, para seguir soñando con cambiar el caos que afecta al ciudadano metropolitano y la productividad de nuestra ciudad.

Examinando nuestra urbe, conformada por cuatro municipios, conviene detallar antecedentes, mirar el pasado y revisar cambios que, en su mayoría, se tomaron por mezquinos intereses politiqueros, económicos y egos, causando un grave daño a la estructura organizacional que existía y funcionaba.

Cuando fui alcalde, la institución Área Metropolitana de Bucaramanga era el ente líder para ejecutar las obras de infraestructura metropolitana que impactaban los cuatro municipios. Para dar una idea a las nuevas generaciones, recuerdo que en solo cinco años (1988-1993, dos años de la alcaldía de Alberto Montoya y tres de Alfonso Gómez Gómez), entre otras, se ejecutaron las siguientes obras viales: 1) Anillo Vial Metropolitano; 2) Los intercambiadores El Palenque y El Bueno; 3) La doble calzada El Bueno – El Palenque; 4) La Transversal Ciudadela, El Bueno, Provenza; 5) La paralela Provenza – El Bosque; 6) La Transversal Metropolitana Oriental, obras que sirvieron para interconectar los cuatro municipios.

El Área era un organismo respetado y respetable, con alto nivel técnico. Su junta directiva estaba conformada por los cuatro alcaldes y la presidía el gobernador del departamento, quien aportaba recursos para las obras metropolitanas. Además, el Área coordinaba la planeación y con sus realizaciones generaba desarrollo y confianza.

Pero, como cuando las cosas funcionan bien las cambiamos, llegaron los sórdidos intereses que comenzaron el proceso de debilitar y atomizar el Área, en vez de fortalecerla. Se politizó, los egos y la crisis de liderazgo llevaron a cometer errores estructurales, como sacar de la Junta Directiva al gobernador, a través de una ley. En mis tiempos la tendencia era unificar los servicios públicos y metropolizarlos, de acuerdo a la lógica, la eficiencia y los criterios técnicos. Hoy , cada municipio quiere tener su empresa de servicios públicos, para contratar ignorando la ley 80.

Por todo lo ocurrido y lo que vivimos, nos toca seguir soñando con el Distrito Metropolitano. Por lo que pudo ser el Área y no fue y porque lo que hoy existe va contra la lógica, la competitividad y la eficiencia administrativa. Sigo soñando.

Familia metropolitana… QUEDAMOS EXPECTANTES.

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