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Columnistas
Jueves 31 de julio de 2025 - 01:00 AM

La proeza de cuidar y trabajar

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Karen es una mujer, migrante, bailarina de profesión, artista callejera en Bucaramanga, con licencia y reconocimiento; también es madre de dos hijos, de cinco y quince años; paga arriendo y sus hijos están debidamente escolarizados, también tienen su esquema de vacunación al día. Semanas atrás, la Alcaldía la mostró en un video como ejemplo de superación.

Hace unos días, la artista estaba trabajando en una calle de Bucaramanga, su hijo mayor estaba en una actividad artística con otros adolescentes, no había colegio ese día; en vez de dejar al chiquito solo en su vivienda o a cargo de la vecindad, Karen lo llevó con ella. De tomarse una foto se podía retratar un niño y su mamá, él feliz y orgulloso al verla bailar, actuar y finalizar con un saludo invitando a un aporte voluntario por el entretenimiento brindado. Pero, la foto enviada a la Policía de infancia en forma de “evidencia” fue interpretada ligeramente con sesgo y prejuicio: una mujer, migrante, utilizando a su pequeño hijo y exponiéndolo a los riesgos de la mendicidad.

Pronto llegó la patrulla a recoger al menor sin indagar más. El niño pasó una noche fuera de casa y sin poder siquiera hablar con su mamá, bajo la protección de servicios que vulneraron sus propios derechos y los de su mamá para supuestamente “restablecer los derechos del menor”.

Claramente hubo falta de coordinación interinstitucional, falta de consideración en el trato dado a una mujer, migrante, trabajadora, artista callejera, madre y cuidadora; trato sesgado por prejuicios y falta de enfoque interseccional (o sea descoordinación institucional). Karen, conocedora de sus derechos y convencida de que no vulneraba los de su hijo acudió a la Fundación Mujer y Futuro en busca de un trato justo y asesoría psico jurídica para demostrar su inocencia y lograr el restablecimiento efectivo de sus derechos y los de su hijo.

Juzgar y condenar a una mujer, madre, trabajadora y cuidadora, sin indagar más allá de una denuncia fotográfica y una rápida verificación (¿?) por parte de la patrulla, revela falta de seriedad por parte de servicios e instituciones de apoyo a la infancia y a las mujeres.

Las mujeres necesitamos apoyo, políticas para la equidad y medidas concretas en aplicación de las políticas públicas y normas contra las violencias de género, incluyendo las violencias institucionales como la referida en este espacio.

Finalmente, las madres de Bucaramanga en situación precaria no pueden dejar de trabajar mientras se arreglen las goteras que supuestamente impiden la reapertura de la Casa Buho que, durante un corto tiempo, proporcionó alivio a las mujeres trabajadoras para el cuidado seguro de sus hijos/as.

Señor alcalde, los derechos no se aseguran con represión sino con acciones concertadas y coherentes con la legislación.

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