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Lunes 25 de agosto de 2025 - 01:00 AM

El ahora exalcalde

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Se nos fue el alcalde, ese mismo que invocaba a Dios como si fuera su ungido y como si a Dios le importara y no tuviera de qué más ocuparse. Ese mismo que culpa de su salida abrupta a los demás y, como todo “pecador”, no reconoce que el culpable puede ser él mismo. ¿Es que acaso no reconoce el fallo que lo sacó de la alcaldía?

Perdió la materia y culpa al profesor. Pensó que era posible burlar a sus electores y a toda la ciudad, que grabaron y filmaron su doble militancia, mientras con la plata de todos los bumangueses les daba pauta publicitaria a algunos periodistas para que le dijeran dizque “Bukele” (qué oso).

Gobernó 20 meses a Bucaramanga y no se notó. Se fue, pero jura ante Dios que volverá (Dios nos salve), a seguir haciendo lo mismo, es decir, ni mú.

Miremos cómo está la ciudad donde nacimos: sucia, llena de basuras (el centro de la ciudad se llena de basuras los fines de semana y nadie hace nada). No educó en civismo a la ciudad y tampoco mejoró la seguridad. Todos los días vemos que el famoso “plan candado” fue solo un anuncio de campaña. Sigue el reguero de muertos y robos. Sus famosas fuerzas élite no funcionaron.

¿Y la movilidad? En sus veinte meses se agravó, hasta el punto que la indisciplina social se desbordó, los motociclistas se adueñaron de los andenes y aprendieron a pasarse los semáforos por la faja. Y lo más importante: el transporte público sigue sin alternativa. Esos tres grandes ejes fueron mera palabrería del pastor de ingenuos.

Y eso que falta la Cultura, que solo se traduce en ferias, en un gran esfuerzo para ayudar empresarios y vender aguardiente antioqueño.

Se nos fue el alcalde, ahora exalcalde (ya no le borran el título), por siempre será llamado el exalcalde Beltrán. Tuvo todo para hacer y se quedó invocando a un Dios que tiene muchos y más graves problemas.

Vendrán nuevas elecciones, hacen fila los partidos, van por lo que queda y más en este momento preelectoral camino a la Presidencia y al Congreso. Los aspirantes aumentan para terminar los veinte meses que le faltaron al “elegido”.

Ojalá logremos (porque nos lo merecemos) recuperar la ciudad y la buena calidad de vida, donde los niños puedan caminar más tranquilos y haya más parques para contemplar los atardeceres que Barba Jacob tanto admiró. Que haya más bibliotecas, que se recuperen las quebradas. Ahí está el verdadero reto: que Bucaramanga no vuelva a caer en manos de la improvisación. Porque el saldo de estos veinte meses no es solo un alcalde destituido, sino una ciudad más desordenada, más insegura y más abandonada.

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