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Miércoles 27 de agosto de 2025 - 01:00 AM

Ley 2383: ¿Solución para la crisis de salud mental en los niños?

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El 19 de julio de 2024 marcó un hito en la historia de la educación en Colombia gracias a la sanción de la ley 2383, destinada a integrar la educación socioemocional como parte del currículo desde preescolar hasta la educación media. Este significativo avance en la educación del país es una necesidad de los padres, docentes, especialistas y, por supuesto, estudiantes, pues no estamos realmente formando si ignoramos el vínculo íntimo que tiene el aprendizaje con el mundo interior de nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

Los casos de bullying, los crecientes conflictos escolares, consumo de sustancias y un evidente deterioro en la salud mental de nuestros niños son claras señales de alerta. Educar la mente sin educar el corazón es una deuda histórica que tenemos con la infancia de nuestro departamento, si tenemos en cuenta que solo durante 2022 los hospitales psiquiátricos de la ciudad atendieron a más de 1.500 menores por crisis de depresión y/o ansiedad.

La Ley 2383 amplía su visión para que esta salga de las aulas de clase y llegue hasta los hogares de cada niño, que sean parte de las conversaciones de directivos docentes y de acciones concretas del personal administrativo del ámbito rural y urbano e incluye contextos étnicos y territoriales.

Hasta ahí, todo parece ser muy positivo, pero ¿qué recursos serán destinados para capacitar maestros? ¿Cómo llegarán a las escuelas rurales? ¿Quién adaptará los currículos? ¿Quién elegirá y adquirirá recursos físicos o digitales para garantizar la atención que merecen todos los colegios? Aquí es donde empieza el verdadero reto. Sin embargo, hablar de emociones, empatía o de resolución de conflictos tendrá un impacto positivo en la reducción de violencia y ambientes escolares que permitan que los niños aprendan.

Si logramos implementar esta norma con total rigor, mediciones y compromiso de todos, puede llegar a ser una revolución silenciosa que iniciaría en nuestras aulas. Porque Bucaramanga y Santander, reconocidos por sus habitantes de carácter fuerte y temperamento recio durante años, también pueden ser territorios más humanos.

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