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Jueves 28 de agosto de 2025 - 01:00 AM

La promesa incumplida

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Por estos días la palabra democracia y su defensa es vociferada desde todas las orillas, desde los regímenes autoritarios, pasando por los socialistas, los liberales y la democracia neoliberal. El concepto democracia es tan universal como contradictorio. Lo que nos dicen a diario es que nuestra democracia es liberal y nacida de las revoluciones de los siglos diecisiete y dieciocho, de tal manera que la soberanía reside en el pueblo, pero la ejercen sus representantes, con división de poderes en el propósito de controlar el poder absoluto y en un ordenamiento constitucional inviolable y garantista de los derechos fundamentales, además de un respeto absoluto por la pluralidad ideológica y política. Esta democracia si la tuvimos teóricamente, con una tensión productiva entre mercado y democracia. Pero la realidad de hoy es que esta última está subordinada de forma sistemática a la lógica del mercado, reduciendo a la mínima expresión la deliberación y la participación ciudadanas. Lo vemos de manera clara cuando nos presentan los problemas públicos como asuntos de expertos técnicos y no temas de deliberación democrática. Nos recetan el gobierno de tecnócratas cuando la evidencia muestra que las soluciones surgen de la comunidad que padece los problemas. Hoy deciden los temas económicos fundamentales, entidades independientes como el Banco de la República, entes reguladores capturados por el mercado como la CRA o la CREG y tribunales de comercio internacional, impidiendo una real y efectiva deliberación democrática, a la cual solo se le concede una deliberación académica. Desde lo electoral los ciudadanos de hoy somos sujetos pasivos de espectáculos mediáticos como los debates televisivos y los programas de opinión donde las empresas electorales compiten por el mercado del voto donde se aplica con rigor las ciencias de mercadeo. En esta democracia neoliberal, las decisiones que afectan a las comunidades se toman cada vez más en organismos supranacionales a los que no les alcanza el control democrático. Entre tanto, los ciudadanos nos convertimos en consumidores que valoramos la política desde nuestro beneficio individual y lejos del bien común. El presidente Petro, sumergido en un Estado neoliberal, ha defendido la estructura democrática liberal advirtiendo los riesgos de una democracia iliberal que pregonan los libertarios, y de la emergente democracia digital que puede conducirnos al fin de la historia de la humanidad, manteniendo abierta la posibilidad de una transformación democrática capaz de lograr la promesa incumplida: soberanía popular y participación.

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