Seamos claros. ¡Nadie sacó a Jaime Andrés Beltrán de la alcaldía de Bucaramanga! Si de responsabilidades se trata, el único responsable es él. Como candidato transgredió una prohibición. Incurrió en doble militancia, las pruebas fueron contundentes, y por eso anularon el acto de elección.
Jaime Andrés, siendo candidato, atendió las recomendaciones de los asesores de campaña.
No lo estoy justificando, ni más faltaba. Pero, seguramente, cuando contemplaron la posibilidad de apoyar a aspirantes al concejo municipal diferentes a los inscritos por el partido al que pertenece – Colombia Justa y Libres –, una estrategia que les representaría muchos votos, le indicaron que no había problema con eso.
La lógica, derivada del acuerdo de coalición, les dio a entender que se podía. Pero en este caso, los precedentes judiciales abundaban y, con claridad, indicaban que no lo debían hacer. Asumieron el riesgo y perdieron. Ahí está el resultado.
El asunto es sencillo: para no incurrir en doble militancia, el candidato de coalición, por lealtad y disciplina de partido, debe apoyar a los aspirantes de la agrupación política a la que pertenece. Solo si esta no inscribe candidatos a otros cargos de elección popular puede respaldar a los de las agrupaciones políticas que forman parte de la coalición, o de las que adhieran o apoyen su campaña. Más claro, imposible
A algunos la regla les parece absurda. Incluso hay quienes consideran que transgrede la Convención Americana de Derechos Humanos. Gústeles o no, ese es el criterio que el Consejo de Estado y la Corte Constitucional aplican, y mientras no varíe se debe cumplir.
Las reglas del juego son claras. Los políticos las conocen, pero cuando deben asumir responsabilidades derivadas de su transgresión, lo más fácil es mirar la paja en el ojo ajeno y victimizarse.
Lo que está claro es que a Jaime Andrés no lo sacó nadie de la alcaldía. No hay que llamarse a engaños, se sacó solo. Y no hay que olvidar que lo que se anuló fue el acto de elección y no las elecciones. En lo que tiene razón es que quien pierde es la ciudad; pero no se le debe olvidar que fue él, y únicamente él, quien, como candidato, dio lugar a que eso pasara.
La nulidad del acto de elección, por el momento en que ocurre, abre el espacio a elecciones atípicas. Y aunque Jaime Andrés Beltrán ha dejado abierta la posibilidad de participar en ellas – no la rechaza, tampoco la confirma –, debe considerar que está inhabilitado para inscribirse como candidato. Y esa misma inhabilidad le impide inscribirse como candidato a la presidencia. Quienes si pueden participar son los actuales concejales, si renuncian.
Dicen que la romería para obtener el “beneplácito” ya empezó.












