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Jueves 04 de septiembre de 2025 - 01:00 AM

Gallinazos y poetas

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Me gustan las tertulias: todas tienen algo bueno, aunque algunas resultan memorables.

Recientemente, gracias a la amable invitación de Álvaro Augusto—abogado carismático, bondadoso y coleccionista disciplinado—tuve el privilegio de compartir una velada con Pablus Gallinazo y su compañera Tita. La charla estuvo teñida de nostalgia y enriquecida por el sonido de acetatos y vinilos de 78 y 33 rpm, que ofrecían música exquisita de los años treinta, alternando con las canciones del poeta, músico y escritor santandereano.

Vivir los avatares de aquellos años que inspiraron al artista me llevó a experimentar el profundo sentimiento que evocan las letras y melodías de Gallinazo. Sus canciones expresan, con ironía y sensibilidad, la contradicción humana: la capacidad de crear belleza y, paralelamente, inventar instrumentos que garantizan la destrucción de la vida. Desde hace más de cincuenta años, el artista lamenta el rumbo de la humanidad hacia el egoísmo y la codicia.

En la canción conocida como “Hay un niño en la calle y un diamante en el baile”, se resume esa contradicción entre la cruda realidad marcada por la indolencia y el culto al cuerpo y a la posesión material. Gallinazo canta: “En el fango del mundo se ve cada huella como un corazón… corazones pequeños de niños pequeños—corazones grandes de botas quizás—son las huellas del hombre que busca su guerra y el niño que busca el amor de mamá… por amor, por amor, por amor, por amor al dinero hay señores; por amor, por amor, por amor, por amor prostitutas y flores; por amor, por amor, por amor, por amor es que yo me pregunto si vale la pena… amar… En el fango del mundo quedó cada huella como un corazón…”

Es inevitable conmoverse ante el niño que implora amor y el adulto que ama la guerra; el diamante como símbolo de avaricia y lujo, frente a la miseria y desigualdad. En textos anteriores he reflexionado sobre el precio pagado por el progreso material: la pérdida del valor fundamental de la colaboración y el bien común. Gallinazo lleva décadas lamentando, con belleza poética y reflexión ética y filosófica, las consecuencias de este camino.

Si realmente aspiramos a construir nuestra identidad, deberíamos crear una cátedra Pablus Gallinazo en colegios y universidades, para profundizar en la obra de este gran autor local, quien, al elegir su apellido artístico, quiso honrar al único animal indispensable del planeta, aunque ausente en las heráldicas.

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