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Jueves 04 de septiembre de 2025 - 01:00 AM

Por sus frutos los conoceréis…

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“Quien tiene rabo de paja que no se acerque a la candela”, decía mi abuelita. Sin embargo, pareciera que quienes más lo tienen son los primeros en avivar el fuego. Tal es el caso de la demanda que intenta derrocar el matrimonio igualitario en Estados Unidos.

La protagonista es Kim Davis, una exempleada de Kentucky célebre por negarse a casar a parejas del mismo sexo. Davis alegó que hacerlo iba contra su libertad religiosa, pues para ella el matrimonio es un vínculo bíblico y sagrado entre un hombre y una mujer. La ironía es evidente: Davis ha sido infiel varias veces y va por su cuarto matrimonio.

​Pero no se trata de un caso aislado. En repetidas ocasiones, quienes esgrimen la Biblia contra los derechos de otras personas parecen los más alejados de esos preceptos.

​En Latinoamérica, Jair Bolsonaro, férreo defensor del “matrimonio tradicional”, ya suma tres uniones; y Javier Milei culpa al feminismo porque las mujeres no quieran casarse ni tener hijos, mientras él sigue soltero y sin descendencia.

​En Alemania, Alice Weidel, líder de la ultraderecha, se opone al matrimonio y la adopción LGBT, pese a ser lesbiana y convivir con una mujer inmigrante con la que cría dos hijos adoptivos.

​La jerarquía católica tampoco se queda atrás: denuncia la “corrupción moral” de enseñar educación sexual, pero gasta millones intentando impedir que amplíen los plazos de prescripción de delitos sexuales contra menores. Solo en 2019, la Iglesia Católica de Nueva York destinó 3 millones de dólares en lobby contra el Child Victims Act, que extendía el plazo para que sobrevivientes de abuso infantil pudieran denunciar, de los 23 a los 55 años.

Pese a su oposición, la ley fue aprobada.

​“Por sus frutos los conoceréis”, dice la Biblia. Y con frecuencia, los frutos de quienes niegan la dignidad y el amor en nombre de la religión son hipocresía y doble moral, útiles para cosechar votos, dinero y poder.

No nos dejemos manipular: lo sagrado del matrimonio y la familia no está en el género de sus integrantes, sino en el amor, el apoyo y el cuidado que los une.

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