Bucaramanga apenas se reponía de la noticia que daba cuenta de que el Consejo de Estado confirmó la sentencia que anuló el acto de elección de Jaime Andrés Beltrán Martínez como alcalde, cuando en la cubierta de un edificio ubicado en la carrera 27 con 56 apareció instalada una valla con un claro mensaje político.
El anuncio aludía a Carlos Enrique Bueno Cadena, exdirector de tránsito de Bucaramanga, quien no ha ocultado su intención de participar en las elecciones atípicas. Y aunque negó cualquier vínculo con la valla y su instalación, la referencia directa a su apellido en el juego de palabras “¿Será Bueno el nuevo alcalde?”, y la figura de una barba, como referencia al mote –“El Barbas”– con el que se le conoce, no dejan margen de duda.
Al secretario del interior le tocó aguantar el chaparrón. Las críticas llovieron de todas partes. Nadie se explicaba cómo un elemento de esa naturaleza se había instalado a la vista de todos sin que las autoridades se dieran cuenta. La valla permaneció instalada todo el fin de semana, y el lunes, finalizando la mañana, el funcionario anunció que revisado el tema concluyeron que el elemento publicitario no cumplía con los requisitos –¿hay que fingir sorpresa?–.
Ordenaron desmontarla. No tenían alternativa. La publicidad exterior visual y la propaganda electoral son actividades reguladas, y la normativa establece que esta última solo puede hacerse dentro de los tres meses anteriores al día de la votación. Antes no están permitidas, ni las campañas de expectativa, que el Consejo Nacional Electoral cataloga como propaganda electoral indirecta, ni la propaganda electoral extemporánea.
Ahora, les guste o no, Jaime Andrés Beltrán Martínez es el alcalde de Bucaramanga hasta que se expida el acto administrativo que declare la vacancia absoluta del cargo derivada de la decisión que anuló el acto de elección y se nombre un alcalde encargado. Así de simple.
Y mientras no se defina el calendario electoral la propaganda política está prohibida. Con razón, el secretario del interior, cuando fue abordado por los medios de comunicación para que se pronunciara sobre el tema, se refirió a quienes instalaron la valla como “carroñeros”.
El calificativo no pudo ser más preciso.
Del episodio deben quedar enseñanzas. Las autoridades por estos días deben aguzar el sentido común y estar vigilantes para evitar que esas situaciones se repitan. ¡Van a intentarlo de nuevo! Los operativos de control deben aumentar y a los responsables los deben sancionar. Es lo lógico. A “El Barbas”, así se empecine en negarlo, los hechos lo señalan. En política esas casualidades, además de exóticas, son bastante sospechosas. Le va a quedar difícil, bien difícil, “desmarcarse” de quienes le hicieron el “favorcito”. Van a ver.












