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Domingo 07 de septiembre de 2025 - 01:00 AM

Cálculo político

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Cuando uno lee en las noticias que en reuniones preparatorias para escoger candidatos a las próximas elecciones al Congreso de la República, para el caso de Santander, se barajan nombres asociados a tradicionales clanes políticos, cuyas cartas de presentación son los lazos de consanguinidad con familiares enjuiciados y/o condenados, el reencauche político o el pasado judicial, entre otros ‘méritos’, se comprueba que una cosa es lo que piensa el burro y otra el que lo enjalma.

Es el cálculo político, me explican, que suma trayectoria, recursos y caudal electoral, pero propuestas sobre proyectos específicos que nos consoliden como región, o que señalen rutas hacia el progreso, poco o nada interesan o, por lo menos, no se comunican. Lo importante es que aporten el suficiente ‘peso’ que incline la balanza, en el próximo legislativo, para bloquear cualquier iniciativa que provenga del grupo antagónico, así como seguir sosteniendo los hilos del poder en este, su terruño.

“Usted es muy ingenuo”, me advierte un espontáneo, y agrega que la política es un terreno árido en el que las buenas intenciones, propiamente, “déjeselas a las novicias”, dice socarronamente. Son realmente contados con los dedos aquellos que aspiran a legislar por causas que, en serio, se traduzcan en hechos que aporten al desarrollo de la región.

Han pasado por lo menos veinte años desde que escucho sobre el denominado bloque parlamentario, nombre que lleva implícito el propósito de que los honorables congresistas del departamento actúen unidos en consecuencia a la solución de necesidades de diferentes sectores, de esa cosa heterogénea que llamamos ‘sociedad civil’, y los resultados, a decir verdad, son peregrinos.

En mi época de reportero cubría estas interminables reuniones las cuales, al final, generaban todos los titulares posibles, pero al cabo del tiempo se quedaban en eso, meros anuncios y nada más. Cuánto terciopelo rasgado en las sillas, tinto repartido y nalgas achatadas para esfuerzos estériles.

Por eso, cuando se empiezan a acomodar las listas, que si cerradas o abiertas, que si con comité de ética o de aplausos, que si de Cámara a Senado, que si de Senado a probable candidato o candidata a la Alcaldía, que si mejor del partido A al B, o a lo mejor al contrario, pienso que el cálculo político es, perdón por la comparación, tan dañino como el sarro entre los dientes. Ambos tiene que ver, al fin y al cabo, con la calidad de la mordida.

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