En 1810, cuando comenzó el merequetengue de la revolución, Bucaramanga tenía como
párroco a Juan Eloy Valenzuela y Girón a Pedro Ignacio de Salgar, ambos gironeses muy ilustrados. La biblioteca del segundo, que era abogado, tenía 26 títulos especializados en 72 volúmenes. Los dos tuvieron que jurar obediencia a la constitución de la República de Pamplona, que afortunadamente no declaró la independencia respecto de Fernando VII, y enfrentar la llegada del Ejército Expedicionario español en 1816, después de la batalla de
Cachirí. A Salgar le embargaron su biblioteca, sus casas, sus tierras y hasta su sotana, mientras que Valenzuela salió airoso del trance con su habilidad discursiva.
Pero Salgar era abogado rosarista, y se propuso recuperarlo todo ante la Vicaría Castrense que llevó su juicio. Buena maña tenía, pues consiguió en 1818 una real provisión firmada por la Real Audiencia que le ordenaba al gobernador de Girón devolverle todo lo que le había sido embargado. Producida la batalla de Boyacá, el alcalde español que había ordenado la venta de los bienes embargados tuvo que huir, pero en algún camino lo asesinaron las partidas patriotas. Así que Salgar envió un apoderado ante el Congreso constituyente de la Villa del Rosario, para que el vicepresidente interino, José María del Castillo, ordenara rematar los bienes del alcalde prófugo y con el producto pagarle hasta sus calzoncillos largos.
De gran interés son los 13 tomos empastados del Compendio de la Historia natural escrito por el Conde de Buffon, así como el tomo de la vida de este, que incluía el discurso de ingreso a la Academia Francesa. Son las pruebas de que Salgar era tan naturalista como el cura Valenzuela, primer secretario de la Expedición Botánica, autor de la Flora de Bucaramanga que su destierro de 1819 destruyó. Además de los sermones ejemplares del Juan Bautista Massillon y de Antonio de Vieira, Salgar encuadernaba sus propios sermones manuscritos. No faltaban en su biblioteca ni los cuatro tomos de la Recopilación de las Leyes de Indias ni los autos acordados que reunió el jurista novohispano Eusebio Ventura Beleña. ¡Qué época ilustrada se vivía entonces en nuestros pueblos!












