Que Gustavo Petro se equivoque en sus declaraciones, no es algo nuevo. El gran interrogante es por qué lo hace. Muchos creemos que es para llamar la atención. Para copar la agenda mediática. Para generar impacto. Y lo hace a cualquier costo.
Recientemente, en una de sus alocuciones, por ejemplo, presentó datos en materia de salud.
Utilizó como soporte unas gráficas que llamaron la atención; tanto que la Asociación de Epidemiología de Colombia emitió un comunicado advirtiendo que la información que contenían podía inducir a interpretaciones erróneas. Le hicieron un llamado al gobierno –al presidente, entiéndase– para que sea claro y transparente en la difusión de datos técnicos.
La información, le recordaron, debe usarse con rigor y responsabilidad.
Luego, publicó en sus redes sociales: “Solicité la militarización de la frontera del Catatumbo”. “He ordenado al ejército ampliar el número de efectivos… Tenemos 25.000 soldados en la zona”. Las reacciones no se hicieron esperar. El ministro de defensa tuvo que precisar lo que dijo su jefe. No es cierto, aclaró, que se hubiera trasladado 25.000 nuevos militares a esa región. La cifra, dijo, corresponde al despliegue que se viene haciendo desde hace tres años. Un escenario muy distinto al que planteó el presidente.
Vino a Bucaramanga, y desde la Plaza Cívica Luis Carlos Galán Sarmiento se vanaglorió del aumento de la cobertura y el monto del programa de apoyo a los adultos mayores. Al tiempo, líderes sociales de la talla de Albeiro Vargas Romero, y la Asociación de Centros de Bienestar del Adulto Mayor, denunciaban que los pagos de los subsidios del programa Colombia Mayor desde hace dieciséis meses no se hacen. ¡Infames!
Y desde Japón, para eludir las críticas a la millonaria inversión que demandó el montaje del pabellón de Colombia en la Expo Osaka 2025, escribió que al estand lo han visitado 1.300.000 millones de personas y se habían vendido 10 millones de toneladas de lechona.
Claro, pasó lo que todos sabíamos que iba a pasar. Desde Presidencia tuvieron que cogerle el dobladillo a la exageración para llevarla a “sus justas proporciones”. En cinco meses, aclararon, el estand lo han visitado 1,3 millones de personas. La venta de lechona se “redujo” a 10 toneladas.
Al “último Aureliano” se le está acabando el tiempo. Entrados ya en el último año de su cuatrienio, su gobierno, el del cambio, poco o nada ofrece para diferenciarlo de aquellos que tanto critica. Solo que a los anuncios rimbombantes y promesas incumplidas, además, hay que agregar que la información que transmite no es confiable.
“Si algo puede salir mal, saldrá mal”, sentenció Murphy. O’toole, en su comentario, acotó: “Murphy era un optimista”. Para la muestra un botón. Más claro, imposible. ¿Lo dudan?












