Uno de los mejores regalos que la vida me dio, sin duda fueron los 20 años como profesor universitario. Esa experiencia me permitió ir descubriendo la injusta estigmatización de una población asentada en las comunas una y dos, que socialmente conocemos como ciudad Norte; fueron miles de jóvenes los estudiantes que a diario se encargaron de hacer la tarea; la única que jamás se le asignó, la reivindicación de su comunidad.
No es extraño, topármelos en una caja de alguna entidad Bancaria, en una oficina pública y desde luego al frente de sus propios emprendimientos; una sonrisa nerviosa por el deber cumplido nos visita casi siempre, cuando ese estudiante de la bermuda y la camisa sencilla en el aula de clase, hoy viste con mayor dignidad.
En una de esas charlas, empezamos a compartir el sueño “no más sillas vacías”; ante la enorme preocupación de la deserción en avance. La explicación a este giro socioeconómico radica en el conocimiento, pero no necesariamente debe ser, en ese formal o institucional.
La escuela de artes y oficios en Ciudad Norte podría significar la más ambiciosa y seria estrategia de inversión social jamás vista en Bucaramanga. Ahora que regresan las camionetas de alta gama, que los abrazos a desconocidos se han de multiplicar, ahora que uno que otro “payaso” vestido de candidato alzará a los niños pobres para lograr el voto de sus familias y mentirán sin rubor alguno prometiendo CPS, nombramientos, mejoramientos de vivienda, legalización express de sus barrios etc; resulta de suma urgencia enviar el mensaje a los más de 200 mil ciudadanos que habitan en las dos comunas.
La idea es meterle un caballo de Troya, a los amigos de la delincuencia, a los reclutadores de jóvenes y adultos; formándolos de MANERA GRATUITA por ejemplo en un taller en madera, cuero, tejidos con dos agujas, tejeduría en telar, encuadernación, diseño gráfico, técnicas de restauración, cincelado, técnicas decorativas de bordados y desde luego en las líneas donde la pertinencia así lo exija.
Señores candidatos a las elecciones atípicas en Bucaramanga, cuando vayan a Ciudad Norte a pedir el voto de sus habitantes, por favor, no les lleven empanadas y gaseosa, ni jueguen con sus anhelos, ilusionándolos que ahora sí llegó el Salvador. Dejen ya esa “parafernalia” y apuéstenle a una buena política, invadan el norte de la ciudad de herramientas que transformen la realidad socio-económica de sus familias, con la mejor estrategia, el arma más letal en la lucha contra el delito. La educación; la capacitación pro-empleo.
Nota final: Señor alcalde de Bucaramanga, señora directora del Instituto Municipal de Cultura y Turismo: no olviden que el Teatro Peralta sigue en cuidados intensivos.












