La designación de Juan Carlos Florián Silva como ministro de la igualdad sigue causando polémica. Gustavo Petro no va a ceder. Va a mantener en el gobierno a quien, dijo, le leía versos de Marx en París. El novelón tiene varios capítulos.
El primero se dio en el consejo de ministros televisado a mediados de julio. El presidente le reclamó a Carlos Rosero, entonces ministro de la igualdad, por no nombrar a Florián Silva como viceministro: “A mí nadie que sea negro me va a decir hay que excluir un actor porno… le prometí a Florián que iba a ser viceministro y ustedes lo están echando”. El episodio terminó como era de esperarse. Rosero fuera del gobierno –“lo renunciaron”–; Florián Silva reemplazándolo.
Lo que no calcularon, y ahí comienza el segundo capítulo, es que con ese nombramiento desequilibraron la participación de las mujeres en los ministerios. Olvidaron que por ley ellas deben desempeñar la mitad de esos cargos.
El tercero inicia con la demanda de nulidad del nombramiento. El gobierno se defendió alegando que el ministro se presenta como una persona “no binaria” y no puede catalogársele, ni como hombre, ni como mujer. “Las personas con identidad de género no hegemónica… no estarían incluidas en la garantía de participación en los cargos públicos de las mujeres”, señalaron.
Florián Silva lo hizo argumentando que corresponde al género “no hegemónico”, “fluido”; identidad no binaria que le permite identificarse, según le parezca, con diferentes géneros.
Sin embargo, en la hoja de vida de la función pública que diligenció para su nombramiento, pudiendo marcar “NB” (no binario, entiéndase), precisamente para no encasillarse en los géneros hegemónicos, prefirió la “M” de masculino.
En el siguiente episodio, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca suspendió el nombramiento por ilegal. Para sacarle el quite a la decisión, y para burlar la ley, Florián Silva renunció el 15 de septiembre. Dos días después, el presidente le aceptó la renuncia.
Ese mismo día a las 8:30 p.m., atérrense, el DAPRE publicó su hoja de vida como aspirante a ser nombrado de nuevo ministro de la igualdad.
El Tribunal y el Consejo de Estado tienen en sus manos una decisión trascendental. No importa el sentido del fallo. Va a generar controversia. Mientras, por lo que parece, Florián Silva, o no tiene clara su identidad de género, o “juega con ella” a conveniencia: no binario, no hegemónico, fluido, masculino. A mediados de agosto en una entrevista dijo que quería que lo llamaran ministra: “Me nombro en femenino, porque soy una persona, y porque soy una marica…”, señaló.
Ajustaron la paridad y lo volvieron a nombrar. En la hoja de vida volvió a marcar la “M” de masculino. ¿Al fin qué, ministra?












