En Colombia, el acceso efectivo al sistema de salud continúa siendo una deuda histórica con la ciudadanía. Las dificultades son múltiples y persistentes: demoras prolongadas en la entrega de medicamentos, obstáculos para agendar citas médicas, trámites engorrosos para autorizaciones, falta de convenios entre EPS e IPS, y una preocupante precariedad en la atención en zonas rurales. Estas barreras no solo vulneran el derecho fundamental a la salud, sino que erosionan la confianza en las instituciones encargadas de garantizarlo.
La crisis se profundiza por la fragilidad financiera del sistema, que acumula deudas y enfrenta una creciente desmotivación del personal médico, afectado por condiciones laborales precarias y pagos tardíos. En este contexto, los usuarios se ven obligados a transitar un laberinto burocrático para acceder a servicios que deberían ser inmediatos, dignos y universales.
Incluso cuando se logra obtener una cita médica, el camino hacia la atención efectiva está plagado de obstáculos: autorizaciones que no llegan, agendas saturadas, medicamentos incompletos o entregados fuera de tiempo, y órdenes que vencen antes de ser ejecutadas. En muchos casos, la única vía para superar estas barreras es la acción de tutela. Pero el problema no termina ahí: el desacato a las decisiones judiciales es frecuente, y las entidades responsables suelen mostrarse renuentes a cumplirlas. Así se configura un ciclo de vulneración que incluye el incumplimiento sistemático de resoluciones judiciales, lo que equivale a un fraude institucional frente al derecho a la salud.
Frente a esta situación, Bucaramanga ha dado un paso significativo con la creación de Cassib, el Canal de Atención de Salud Sin Barreras. Esta plataforma digital, impulsada por la Alcaldía, permite a los usuarios del sistema —excepto aquellos de regímenes especiales como Fuerzas Militares o Magisterio— radicar quejas, reclamos o peticiones relacionadas con la atención médica. Lo más innovador de Cassib es su capacidad para articular, en tiempo real, a los cuatro actores clave: la Superintendencia Nacional de Salud, la Alcaldía, la EPS correspondiente y el paciente. Esta conexión permite visibilizar las barreras, hacer seguimiento a las respuestas institucionales y verificar si las soluciones han sido efectivas.
Cassib representa una apuesta por la transparencia, la participación ciudadana y la exigibilidad de derechos. Esta herramienta puede convertirse en un modelo replicable para otras regiones del país, pero su éxito depende de la voluntad política, la capacidad de respuesta de las EPS y el compromiso de los entes de control.
La salud, privilegio condicionado por trámites, demoras o intereses económicos, puede tener una oportunidad en la que la dignidad del paciente está en el centro. Bucaramanga con el sistema Cassib es el inicio de una transformación estructural que el país entero necesita con urgencia.












