El pasado lunes 29 de septiembre Colombia perdió a una de sus voces más brillantes y valientes: Victoria Strauss, reconocida docente universitaria y activista trans.
Politóloga de la Universidad de Antioquia y consejera de paz entre 2017 y 2019, Victoria combinó la reflexión académica con el activismo. Este domingo, 5 de octubre, habría cumplido 30 años.
La muerte de Victoria no es caso aislado, y, de hecho, refleja una de las estadísticas que debería darnos más vergüenza como sociedad: la expectativa de vida de las personas trans en Latinoamérica son los 35 años, la más baja de cualquier grupo poblacional en el mundo.
En ese sentido, aunque su muerte no fue producto de un asesinato, sí es consecuencia de un contexto que asfixia.
Solo en lo que va corrido del año, en Colombia han sido asesinadas al menos veinte personas trans —un número que no refleja el subregistro, siempre altísimo—, entre ellas Sara Millerey, cuyo brutal asesinato sacudió al país A esa estadística deben sumarse quienes, como Victoria, no logran vislumbrar un futuro en un país que les expulsa.
Ante esta realidad, la inacción del Ministerio de la Igualdad resulta inaceptable.
Mientras la ministra se dedica a interrumpir reuniones a las que no ha sido invitada y a gestos mediáticos, las violencias contra las personas trans continúan sin respuesta estatal clara. No existen políticas consistentes ni acciones efectivas que prevengan las agresiones físicas o enfrenten las exclusiones estructurales que se viven día a día.
Por eso, casos como el de Victoria y de tantas otras personas trans asesinadas muestran la urgencia de aprobar la Ley Integral Trans, que será discutida en el Congreso.
Victoria dedicó su vida a trabajar por la juventud y por un país más justo y paz. Sin embargo, el país no le correspondió con el reconocimiento de sus derechos y su dignidad.
Por Victoria, y por todas las personas trans, hay que decirlo fuerte y claro las veces que sea necesario: las personas trans no son peligrosas, están en peligro. Y es nuestro deber, como sociedad y como seres humanos, denunciar y prevenir esa violencia.












