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Sábado 04 de octubre de 2025 - 01:00 AM

La vida da muchas vueltas

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En la vida pública hay una tentación silenciosa que pocos logran resistir y es la de confundir el cargo con la persona. Quien hoy ocupa una oficina, mañana es un ciudadano más. Sin embargo, basta con ver la actitud de algunos funcionarios para entender que todavía muchos creen que el poder los hace distintos, superiores, casi inmunes a las reglas que rigen para los demás.

Lo irónico es que esa ilusión dura poco. El poder en la administración pública es, por definición, transitorio. Son nombramientos que caducan, mayorías políticas que cambian, respaldos que se esfuman. Pero mientras dura, hay quienes se embriagan de él y olvidan una verdad elemental y es que los cargos son pasajeros.

Lo digo con conocimiento de causa. Yo lo he vivido, lo he presenciado de cerca. Quienes ayer ordenaban con arrogancia, hoy tocan puertas con humildad. Quienes parecían blindados tras el poder, mañana suplican un favor, una cita, un gesto mínimo de atención. Y entonces se revela lo que siempre estuvo ahí: todos somos iguales, mortales comunes, ciudadanos sin títulos que nos hagan distintos.

Ese es el verdadero examen de carácter y es saber que el poder no te pertenece, que simplemente lo administras por un tiempo. Quien entiende eso, gobierna con humildad, escucha con respeto y sabe retirarse con elegancia. Quien no lo entiende, termina amargado, resentido y con la vanidad hecha añicos.

Conviene repetirlo: la vida da muchas vueltas. Hoy tienen ciertos privilegios, atenciones, pueden firmar y disponer sobre distintos aspectos, pero mañana se viaja solo en buseta y se aguarda en la fila como cualquier otro. Hoy se decide sobre contratos y nombramientos; mañana se mendiga un puesto, una oportunidad. Lo he visto, y duele comprobar que a muchos la soberbia los hace olvidar que el tiempo siempre ajusta cuentas.

La política, al final, es un escenario de paso. Los títulos, las medallas y los cargos desaparecen. Lo único que permanece es la calidad de ser humano, la huella de cómo se trató a los demás cuando se tenía la oportunidad de hacerlo desde arriba.

Independientemente de eso, y como diría un muy cercano primo, sea lo que sea tenemos que levantarnos a trabajar. Por eso, hay un camino largo por recorrer en la vida, donde siempre nos vamos a reencontrar. Quien hoy sube, mañana baja. Y en ese vaivén, el consejo es tan simple como nunca olvidar que todos somos iguales.

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