“Todo me es lícito, mas no todo conviene; todo me es lícito, mas yo no me dejaré dominar de ninguno”, escribió el apóstol Pablo en su carta a los Corintios. Esta enseñanza, vigente hoy, nos recuerda que el verdadero liderazgo no radica únicamente en tener el poder para actuar, sino en poseer la sabiduría para saber cuándo y cómo hacerlo.
Bucaramanga atraviesa hoy un periodo de transición institucional que demanda mesura, respeto y responsabilidad. La anulación del mandato del alcalde ha llevado al Gobernador Juvenal Díaz a ejercer su facultad legal de designar un Alcalde encargado. Sin embargo, este no es un momento para alterar el rumbo de la ciudad; es un tiempo para cuidar lo construido, mantener la estabilidad y garantizar que el proceso democrático llegue a buen término.
Los tiempos de interinidad no están diseñados para transformar estructuras ni imponer agendas políticas. Son momentos en los que debemos proteger lo que ha dado resultados, consolidar los procesos que funcionan y evitar decisiones que puedan alterar el equilibrio institucional. El ejemplo de Neomundo es elocuente: con más de veinticinco mil millones de pesos en ventas acumuladas, más de un millón cuatrocientas mil personas impactadas y un aporte económico superior a los ciento catorce mil millones, se ha convertido en símbolo de productividad, turismo y desarrollo. En casos así, la sabiduría popular prima: lo que funciona, no se cambia.
El 14 de diciembre, los ciudadanos de Bucaramanga volverán a las urnas para decidir democráticamente el rumbo de la ciudad. Hasta entonces, lo más sensato es mantener el orden institucional, preservar la confianza ciudadana y actuar con prudencia.
Pero más allá de esa fecha, hay un propósito mayor que no podemos perder de vista: el año 2026. Colombia enfrentará entonces una de las decisiones más trascendentales de su historia reciente: la defensa de la democracia frente a un proyecto político que pretende perpetuarse bajo un modelo comunista que amenaza con erosionar nuestras libertades e instituciones.
Si queremos derrotar esa ideología en las urnas, debemos empezar desde lo local. Eso implica dejar de lado las divisiones innecesarias, evitar los enfrentamientos estériles y trabajar juntos por objetivos comunes. Significa entender que Santander y Bucaramanga no están en competencia, sino que se necesitan mutuamente para crecer, desarrollarse y defender los valores democráticos que compartimos.
La unidad no se construye desde la imposición, sino desde el respeto y la cooperación. Porque hoy más que nunca, Santander necesita de Bucaramanga, y Bucaramanga necesita de Santander. Solo si caminamos juntos, podremos garantizar estabilidad en el presente y libertad en el futuro.
Este no es el tiempo de las divisiones. Este es el tiempo de la unidad, de la responsabilidad y de la visión compartida.












