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Martes 07 de octubre de 2025 - 01:00 AM

En Santander, Galán siembra democracia

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Las veedurías ciudadanas son una expresión legítima del poder popular. Constituyen un mecanismo de participación consagrado en la Constitución, que permite a los ciudadanos ejercer vigilancia sobre la gestión pública, especialmente en lo que concierne a la garantía de los derechos humanos y la inversión de los recursos públicos. En contextos como el de Santander, donde la conflictividad social se entrelaza con problemáticas estructurales —infraestructura vial precaria, afectaciones socioambientales, informalidad laboral, asentamientos humanos sin servicios básicos—, las veedurías pueden ser aliadas estratégicas para la transformación territorial.

No obstante, el ejercicio cotidiano de las veedurías enfrenta múltiples barreras que limitan su efectividad. La hermeticidad en el acceso a la información por parte de las entidades públicas y los prejuicios institucionales hacia los veedores generan una resistencia al acompañamiento ciudadano. Esta actitud, lejos de ser anecdótica, revela una cultura institucional adversa al control social, donde el escrutinio ciudadano es visto como una amenaza y no como una oportunidad de mejora.

A estas dificultades se suman limitaciones económicas y logísticas, la falta de capacitación normativa, y una escasa articulación con entidades de control y vigilancia. Todo ello se traduce en la no respuesta a peticiones, la negligencia en el trámite de denuncias y, en algunos casos, en riesgos de seguridad, hostigamientos y represalias contra quienes ejercen el control ciudadano. Estas condiciones vulneran el derecho de los veedores a participar sin temor y desincentivan el ejercicio de la veeduría.

Preocupa, además, el desconocimiento por parte de algunos servidores públicos sobre la naturaleza jurídica, el objeto y el fin de ellas, lo que genera tensiones innecesarias y obstaculiza su labor. Esta falta de comprensión debe ser abordada mediante procesos de formación, sensibilización y acompañamiento.

Promover las veedurías es una tarea normativa y una apuesta ética y política por una democracia más robusta, donde la ciudadanía sea espectadora y protagonista. Es reconocer que los derechos humanos no se garantizan únicamente desde los despachos, sino también desde los territorios, donde las comunidades se organizan para exigir, vigilar y transformar.

Las veedurías son, en esencia, una escuela de ciudadanía activa. Fortalecerlas es sembrar democracia, construir confianza institucional y abrir caminos para que la voz de la gente tenga eco en las decisiones públicas. Es hora de que se les reconozca como aliadas fundamentales en la defensa de los derechos humanos y el control social.

En el municipio de Galán, Santander, se vive una experiencia esperanzadora. A instancias del Ministerio Público territorial, se impulsa la conformación y activación de la Veeduría Juvenil “Para un Buen Futuro”, integrada por jóvenes comprometidos con el bienestar de su comunidad. Esta iniciativa nos deja expectantes ante el potencial transformador de una juventud organizada, crítica y decidida a sembrar democracia.

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