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Sábado 11 de octubre de 2025 - 01:00 AM

La cachetada a Maduro

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El anuncio del Premio Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado, la voz más visible —aunque perseguida— de la oposición venezolana, tiene implicaciones que van más allá de un reconocimiento simbólico. Es una luz que ilumina con severidad la neblina autoritaria que Nicolás Maduro ha querido imponer: el mundo libre envía un mensaje claro: no vamos a ignorar lo que ocurre detrás del muro del silencio.

Desde hace meses, Venezuela vive una tragedia democrática. En las elecciones de julio de 2024, la oposición —liderada por Machado y Edmundo González— denunció una victoria clara que el régimen nunca reconoció. El Estado —las instituciones controladas por el chavismo— respondió con persecución, arrestos arbitrarios, desapariciones y una intimidación sistemática que buscó aplastar cualquier disidencia. Machado misma fue secuestrada en enero de 2025, como parte de esa escalada represiva.

Lo llamativo, frente a ese contexto, es la tibieza o media distancia de algunos gobiernos que han mantenido relaciones diplomáticas con Maduro. En Colombia, el presidente Gustavo Petro esperó horas para felicitar a Machado, y lo hizo en un mensaje que mezcló nombres inoportunos (felicitó también a Wangari Maathai, fallecida hace más de dos décadas) y un tono moderado: “De María Corina espero que ayude a que su país consiga el diálogo para mantener la paz”. Esa cautela, aparentemente diplomática, no puede leerse como neutralidad. En realidad, entre líneas, ¿no está reafirmando una posición de permisividad frente al régimen venezolano?

El reconocimiento internacional no solo legitima la lucha democrática de Machado, sino que obliga a que los países que creen en la libertad tomen posturas menos vagas. Emmanuel Macron, por ejemplo, elogió “la valentía” de Machado, refiriéndose a ella como símbolo de una Venezuela que anhela cambio. La Unión Europea y otros actores libres también deben traducir elogios en presión política concreta: sanciones selectivas, exigencia de auditorías electorales, apoyo a observación internacional, respaldo a los presos políticos.

Entonces, ¿qué debe ocurrir en Venezuela tras este momento simbólico? Primero, que la oposición aproveche el espaldarazo moral para reorganizar su estrategia: no basta con manifestarse, hace falta articular políticas concretas de transición democrática. Segundo, que los gobiernos democráticos no se queden en el aplauso diplomático, sino que actúen con contundencia: cerrojos económicos, aislamiento diplomático y respaldo internacional sostenido para la restauración institucional. Tercero, que la comunidad internacional acompañe sin vacilaciones los mecanismos de verificación electoral, protección a disidentes y exigencia de rendición de cuentas.

El Nobel a Machado no es solo para ella; es para la Venezuela silenciada, la que clama ser libre desde cada calle. Y es un mensaje que resuena también en América Latina: que los dictadores no serán eternos si la libertad se convierte en causa colectiva, no individual.

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