La exclusión de Santander del CONPES 4161, que declara la importancia estratégica de proyectos que hacen parte del Programa Vías para la Paz, nos recuerda lo que sucedió cuando se establecieron los municipios que hacen parte de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET). Pese a que Santander ha sido epicentro del conflicto armado colombiano, ningún municipio obtuvo estas características, lo que le impidió ser beneficiario de cuantiosos recursos de la nación. Paradójicamente, el deplorable estado de las vías Curos-Málaga, Bucaramanga-Barbosa, Transversal del Carare, los tramos faltantes de la vía Yuma o las recurrentes muertes, producto de la carencia del retorno en el Anillo Vial Floridablanca-Girón, no fueron suficiente evidencia para invertir en Santander.
Pero la situación va más allá. Nos quitaron más de 2 billones de pesos para el proyecto Bucaramanga-Pamplona, así como la posibilidad de terminar la vía Bucaramanga-Rionegro, debido a la falta de voluntad de asignarle recursos o de reactivar el peaje. Nada que arrancan las obras para terminar la Ruta del Cacao quedando cerca de 4 km de doble calzada sin utilizar. Sobre la navegabilidad del río Magdalena, apenas se están terminando los estudios y diseños y no se han escuchado voces para destinar recursos que permitan construir la primera obra civil.
Los avances que se puedan realizar en los próximos años están particularmente en manos de los gobiernos locales. A cargo de la gobernación está el Anillo Vial Externo Metropolitano, el proyecto más importante del área metropolitana de Bucaramanga en lo que lleva del siglo. Una necesidad incontrovertible, que permitiría sacar el tráfico pesado de la autopista Piedecuesta-Bucaramanga y mejorar sustancialmente la movilidad. Con un presupuesto de cerca de medio billón de pesos, se espera que luego de casi 3 años de trámite de la licencia ambiental inicien las obras lo más pronto posible. Este proceso requiere del respaldo de todos los santandereanos, particularmente de los propietarios de la zona y los mandatarios de Piedecuesta y Girón.
No se puede perder de vista la importancia de culminar la integralidad del proyecto, incluyendo el intercambiador del Bwey y el paso elevado que conectará con la vía al aeropuerto, a fin de garantizar su funcionalidad. Hay que darse la pela por implementar la valorización, lo que permitirá apalancar un préstamo por lo menos del doble de recursos para agilizar las obras y asegurar los predios de la doble calzada. Contar con un robusto equipo de supervisión será fundamental en la realización de un seguimiento riguroso y para coordinar las acciones que sean necesarias. El departamento no había visto un proyecto de tales dimensiones y debemos demostrar que tenemos las capacidades para sacarlo adelante. El desarrollo de Santander está en nuestras propias manos.












