El pasado lunes en la turística ciudad egipcia de En Sharm el-Sheikh el hiperbólico presidente Trump haciendo gala de su inigualable extravagancia, decretó el fin de la “guerra” en Gaza. Aunque es una buena noticia la entrega por parte de Hamás de los últimos rehenes vivos en su poder y el inicio de la fase para la devolución de 28 cuerpos; lo mismo que la liberación por Israel de casi 2000 palestinos; varias preguntas se quedaron sin respuesta en este “plan de paz” que no tiene garantías reales para su cumplimiento y que, aunque fue ratificado por Qatar, Turquía y Egipto, parece hecho a la medida de los más fuertes: Estados Unidos e Israel.
En lo anunciado el lunes pasado no está claro el desarme de Hamás; así como tampoco el retiro de las tropas de Israel de Gaza en particular de ciudades como Khan Younis y Rafah. Es más, mientras escribo esta columna, se reportan violaciones al alto al fuego por parte de soldados israelíes.
El acuerdo firmado por Trump y no por Netanyahu ni por Hamás, con el que este dice haber puesto fin a un conflicto que ha durado “milenios” nada dice sobre un Estado para los palestinos algo a lo que se opone ferozmente el actual gobierno israelí de ultraderecha que no solo parece estar dispuesto a continuar sus acciones genocidas sino a saquear los recursos energéticos del territorio palestino parte de la Cuenca del Levante, cuyas reservas de gas y petróleo se estiman en 12 billones de pies cúbicos y 1700 millones de barriles respectivamente.

Esto para no hablar de la indignante Autoridad Internacional de Transición con la que Trump y Tony Blair, nos pretenden devolver a los tiempos del Mandato británico y en la que Gaza sería un protectorado internacional dirigido por todas las partes involucradas en el conflicto menos por los palestinos.
Si bien con su plan para Gaza Trump puede decir que ha hecho más méritos para el Nobel de Paz que María Corina, sus acciones por ahora, parecen más parte del problema en Medio Oriente que su solución pues, el camino de la verdadera paz pasa por la fórmula de los dos Estados como lo reiteró el mes pasado la comunidad internacional en la Declaración de Nueva York.











